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Los amigos
Julio Cortázar
En ese juego todo tenía que andar rápido. Cuando el Número Uno decidió que había que liquidar a Romero y que el Número Tres se encargaría del trabajo, Beltrán recibió la información pocos minutos más tarde. Tranquilo pero sin perder un instante, salió del café de Corrientes y Libertad y se metió en un taxi. Mientras se bañaba en su departamento, escuchando el noticioso, se acordó de que había visto por última vez a Romero en San Isidro, un día de mala suerte en las carreras. En ese entonces Romero era un tal Romero, y él un tal Beltrán; buenos amigos antes de que la vida los metiera por caminos tan distintos. Sonrió casi sin ganas, pensando en la cara que pondría Romero al encontrárselo de nuevo, pero la cara de Romero no tenía ninguna importancia y en cambio había que pensar despacio en la cuestión del café, y del auto. Era curioso que al Número Uno se le hubiera ocurrido hacer matar a Romero en el café de Cochabamba y Piedras, y a esa hora; quizá, si había que creer en ciertas informaciones, el Número Uno ya estaba un poco viejo. De todos modos, la torpeza de la orden le daba una ventaja: podía sacar el auto del garaje, estacionarlo con el motor en marcha por el lado de Cochabamba, y quedarse esperando a que Romero llegara como siempre a encontrarse con los amigos a eso de las siete de la tarde. Si todo salía bien evitaría que Romero entrase en el café, y al mismo tiempo que los del café vieran o sospecharan su intervención. Era cosa de suerte y de cálculo, un simple gesto (que Romero no dejaría de ver, porque era un lince), y saber meterse en el tráfico y pegar la vuelta a toda máquina. Si los dos hacían las cosas como era debido -y Beltrán estaba tan seguro de Romero como de él mismo- todo quedaría despachado en un momento. Volvió a sonreír pensando en la cara del Número Uno cuando más tarde, bastante más tarde, lo llamara desde algún teléfono público para informarle de lo sucedido.
Vistiéndose despacio, acabó el atado de cigarrillos y se miró un momento al espejo. Después sacó otro atado del cajón, y antes de apagar las luces comprobó que todo estaba en orden. Los gallegos del garaje le tenían el Ford como una seda. Bajó por Chacabuco, despacio, y a las siete menos diez se estacionó a unos metros de la puerta del café, después de dar dos vueltas a la manzana esperando que un camión de reparto le dejara el sitio. Desde donde estaba era imposible que los del café lo vieran. De cuando en cuando apretaba un poco el acelerador para mantener el motor caliente; no quería fumar, pero sentía la boca seca y le daba rabia.
A las siete menos cinco vio venir a Romero por la vereda de enfrente; lo reconoció enseguida por el chambergo gris y el saco cruzado. Con una ojeada a la vitrina del café, calculó lo que tardaría en cruzar la calle y llegar hasta ahí. Pero a Romero no podía pasarle nada a tanta distancia del café, era preferible dejarlo que cruzara la calle y subiera a la vereda. Exactamente en ese momento, Beltrán puso el coche en marcha y sacó el brazo por la ventanilla. Tal como había previsto, Romero lo vio y se detuvo sorprendido.
La primera bala le dio entre los ojos, después Beltrán tiró al montón que se derrumbaba. El Ford salió en diagonal, delantándose limpio a un tranvía, y dio la vuelta por Tacuarí. Manejando sin apuro, el Número Tres pensó que la última visión de Romero había sido la de un tal Beltrán, un amigo del hipódromo en otros tiempos.
Julio Cortázar
Los relatos 2: Juegos (1976) |
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11/12/11 | 03:46: mario ingénito dice:
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| Parafraseando a Pablo podríamos decir : Nuestra conversación está en la rayuela...
Y parafraseando al primero en descubrir a LAUTREAMONT, León Bloy , podríamos decir: Que ella no decaiga en la de la mera novela...
La analogía homérica triunfa en Cortázar y aun la mesa y la hechura poética de todos de Lautreamont, esa inminencia que aún no se produce y por la que labora Jorge Fraga. |
| marioingenito51@yahoo.com.ar |
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11/12/11 | 03:45: mario ingenito dice:
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| @ingeneratus Hace más de 5 meses 0
"Para una teoría del entusiasmo" es un blog en el que Jorge Fraga propone unas lecturas y unos usos de la RAYUELA de Julio Cortázar, interpretando los propósitos mágicos, demiúrgicos y de una creatividad poética (valga la redundancia) que no sólo compite con las virtudes de la religión y el esoterismo sino que aun puede superarlas. Aunque ni el amigo Fraga ni el propio Cortázar hayan postulado la autonomía de lo poético como vía de realización, ello va de suyo en la obra del chamán tipográfico y en las glosas de Fraga.
Invito a los que creen en la teoría y el método cortazariano del lector "macho" a que participen en este blog. Agradezco a ANÓNIMO por todo lo que aporta y todo lo que mueve a seguir glosando a Fraga. |
| marioingenito51@yahoo.com.ar |
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11/12/11 | 03:27: mario ingenito dice:
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| modelo ...VI
Ante el difícil y complejo texto de Rayuela, el lector debería ejercer como compañero de los juegos asociativos de Cortázar, tal que un nuevo avatar de Aurora Bernárdez. Para llegar al libro insólito, el lector cómplice tiene que elevarse hasta llegar a la condición de igual, de par literario y cultural del autor. Pero para involucrarse en esa exigente conversación, la mera erudición no es suficiente, ya que si así fuera, sus críticos más cultos e informados ya hubieran percibido la existencia del libro insólito. Con la erudición no basta: también hace falta, definitivamente, “algo más”.
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No se trata de ensayar nada en casa, como sugería Vargas Llosa, sino de algo que surge espontáneamente –esa “vida más viva” que aparece en la página 59 del Cuaderno- a partir de una cualidad especial de la mente, que le confiere al conversador un plus de sabiduría. Reza en otro momento el “Cuaderno de Bitácora”: “lo que importa es esa aptitud para aprehender las relaciones: esta mesa y mi amor de antaño, esa mosca y un tío oficinista…” (p. 68: el subrayado en el original; la cursiva es mía). Ese fragmento es como una nueva formulación sintética de la cuestión que estamos analizando, pero ahora se le añade un nuevo e importante elemento de discusión, que quedaba solamente implícito en el retrato elaborado por Vargas Llosa: «esa aptitud».
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“Esa aptitud” alude a una predisposición especial de la conciencia de los interlocutores que participan en el juego. Y es que se precisa de una capacidad gnoseológica especial para poner en relación los distintos ámbitos sacados a colación en el contexto de esos diálogos privativos. Se trata de una “aptitud” definitoria de ciertos estados de conciencia que se caracterizan por elevar la capacidad intelectiva de los sujetos, favoreciendo el establecimiento de conexiones analógicas, y de los que ya hemos hablado anteriormente en las páginas de este blog: el enamoramiento, el sueño, la visión… Y, por supuesto, el entusiasmo.
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El entusiasmo supone un cambio de velocidad o de intensidad mentales con respecto al estado ordinario de conciencia, lo que permite crear y aprehender rápidas conexiones –fulminantes, sería la palabra- entre campos aparentemente distantes. En otras palabras: incrementa la capacidad asociativa y la imaginación de quien lo disfruta. En el tipo de conversación que estamos analizando, sea a la escala que sea, no se trata de poseer tan sólo un determinado conocimiento, sino de también la capacidad de manejarlo con desparpajo, con una absoluta soltura. Ambos elementos, la erudición y ese “algo más” aportado por el entusiasmo, son los ingredientes básicos: Por un lado, la coincidencia de inquietudes y de intereses hacia unos mismos asuntos u objetos deviene un ingrediente esencial del entusiasmo compartido, que resulta así retroalimentado por la propia dinámica de la conversación. Por el otro, es el entusiasmo lo que genera la burbuja gnoseológica, y es también lo que confiere la capacidad de atravesarla y de habitar en ella, como participante activo, a todo aquel que desee sumarse al diálogo.
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Así pues, el carácter privativo de tales diálogos proviene en gran parte de la entrada conjunta de los interlocutores en un estado no ordinario de conciencia. Para participar en las conversaciones retratadas en “La trompeta de Deyá”, para participar en las charlas del Club de la Serpiente, y para leer el Rayuela insólito, hay que cambiar de nivel. Cortázar lo hacía, en su momento, con su célebre y misterioso swing; y el lector cómplice, en el turno de palabra que le corresponde en esa conversación, debería hacerlo mediante el entusiasmo. El entusiasmo es condición sine qua non para acceder al Rayuela insólito; su presencia o su ausencia son lo que determinan que el libro pueda mostrarse bien como una novela –así se muestra Rayuela para los ajenos a ese tipo de diálogo-, bien como algo distinto, como un libro insólito –para quienes logran acceder a ese estado alterado, a esa esfera hecha de conocimiento compartido, ingenio mental y gran capacidad asociativa-. Para llegar hasta el Rayuela insólito sólo hay un camino: hay que conversar –erudita, entusiastamente- con Cortázar.
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2. Las facetas de un diamante
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Buena parte del vínculo que unía a Julio Cortázar y a Aurora Bernárdez parecía residir, según se desprende de “La trompeta de Deyá”, en su entusiasmo por el conocimiento o, dicho de otro modo, en la compartida y pareja capacidad para poner en juego un ágil y erudito juego de referencias. De referencias literarias, concretamente, da a entender Vargas Llosa. Resulta curiosa la insistencia con la que el novelista peruano señala el carácter literario de esos diálogos. Primero dice que “su compromiso –el de ambos- con la literatura daba la impresión de ser exclusivo, excluyente y total”; después abunda en ello, diciendo que “era difícil determinar quién había leído más y mejor, y cuál de los dos decía cosas más agudas e inesperadas sobre libros y a |
| marioingenito51@yahoo.com.ar |
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11/12/11 | 03:24: mario ingenito dice:
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| MODELO PARA EL LECTOR CÓMPLICE III
Pero la presencia de esta cuestión en Rayuela supera con creces el marco del discurso teórico de Morelli, e impregna con su dinámica el mundo narrativo de la obra.
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En el capítulo 12, por ejemplo, encontramos lo que prácticamente se nos presenta como una paráfrasis -avant la lettre- del artículo de Vargas Llosa:
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Jugaban mucho a hacerse los inteligentes, a organizar series de alusiones que desesperaban a la Maga y ponían furiosa a Babs (...) y mientras la Maga los miraba con una especie de humilde desesperación, ya el otro estaba en el volé tan alto, tan alto que a la caza le di alcance (...) a Horacio le daba asco ese exhibicionismo de memoria asociativa, y Gregorovius se sentía aludido por ese asco que ayudaba a suscitar, y entre los dos se instalaba como un resentimiento de cómplices, y dos minutos después reincidían, y eso eran las reuniones del Club.
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Asimismo, en el capítulo 4:
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La Maga desconfiaba un poco. Admiraba terriblemente a Oliveira y a Etienne, capaces de discutir tres horas sin parar. En torno a Etienne y Oliveira había como un círculo de tiza, ella quería entrar en el círculo, comprender por qué el principio de indeterminación era tan importante en la literatura (…)
–Imposible explicarte –decía Etienne-. Esto es el Meccano número 7 y vos apenas estás en el 2.
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Y también en el Cuaderno de Bitácora, página 59, encontramos lo que podríamos considerar un mapa o boceto de los dos fragmentos anteriores:
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La Maga y Oliveira
Oliveira analiza el placer de la comunicación. Lo que significa estar entre seres afines y decir, p. ej.: “El retablo de Isenheim”. La Maga, que no entiende, se queda perpleja y furiosa (contra ella misma). Para Oliveira y su interlocutor, el signo “retablo de Isenheim”, configura la coexistencia y la evocación de
Grûnewald / Colmar / Olores / Alsacia / El Cristo de Holbein / Todos los Cristos verdes.
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La conexión de todo esto con lo que describe Vargas Llosa en su artículo es evidente. En los tres fragmentos de Cortázar podemos ver, concentrados en unas pocas líneas, exactamente los mismos elementos que aparecían descritos en el artículo del escritor arequipeño: se nos habla de un diálogo preñado de erudición; se pone en escena un juego acrobático de conocimiento asociativo; se postula, asimismo, una comunicación entre «seres afines»; nuevamente, se muestra el carácter excluyente de esa clase de diálogo; y, finalmente, se subraya también el carácter placentero de ese tipo de intercambio (“divertido, vital”, decía Vargas Llosa).
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Esos mismos elementos, que ahí aparecen expresamente señalados, dichos, son también mostrados repetidamente a lo largo del libro. En la primera parte del libro, sazonan buena parte de las charlas del Club. Todos sus componentes cumplen con unos mismos atributos, que son precisamente los que les permiten sostener esa clase de diálogos: una formación cultural amplia, unos intereses comunes, un nivel de ingenio semejante… Con lo cual sus conversaciones generan siempre un clima particularmente elevado, en el que no puede entrar cualquiera. Y eso mismo cabría decir, punto por punto, de las charlas que sostienen entre sí Horacio, Traveler y Talita, en “El lado de acá”. El universo ficticio de la obra está repleto de esa clase de comunicación.
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En ese mismo plano narrativo, la encarnación de un tercero excluido –el avatar ficticio de ese Vargas Llosa que “parecía sobrar” ante el tándem dialéctico formado por Cortázar y su mujer- queda distribuida en distintos sujetos; a veces, sobre un miembro del Club que no participa en un momento dado de la dinámica que absorbe a los demás; pero también sobre personajes circunstanciales que asisten azorados a lo que les parece un diálogo absurdo, como es el caso de la señora de Gutusso. Lo que nos importa de ellos, en todo caso, es la ubicua presencia de ese tercero que resalta, por contraste, lo idiosincrásico de una conversación sostenida bajo el signo de la complicidad.
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Los fragmentos transcritos más arriba nos indicaban que la Maga asume a veces ese papel de tercero excluido, y casi paradigmáticamente. Pero su caso particular nos interesa especialmente; pese a ejercer como tal, tiene en otras ocasiones un acceso privilegiado a esas mismas conversaciones, y lo hace en función de una sabiduría especial. “Oliveria se daba cuenta de que la Maga se asomaba a cada rato a esas grandes terrazas sin tiempo que todos ellos buscaba dialécticamente”, se nos dice en el mismo capítulo 4; y también: “La pobre entendía tan bien muchas cosas que ignorábamos a fuerza de saberlas”, señala Etienne en otro capítulo, el 142, que parece consagrado precisamente a debatir estos dos aspectos contradictorios de la Maga: las lagunas de su erudición, por un lado, y su sabiduría innata, por el otro. Vemos con todo ello que el personaje se sitúa en un nivel de un conocimiento que es más intuitivo que intelectual, que en ocasiones llega a situarla no sólo |
| marioingenito51@yahoo.com.ar |
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11/12/11 | 03:20: mario ingénito dice:
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| MODELO PARA EL LECTOR CÓMPLICE...II
asistían al diálogo como si fuera un espectáculo, sin poder participar en él.
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Así pues, tenemos una situación comunicativa constituida por dos elementos en contrapunto: por un lado, dos cómplices sumidos en una especie de burbuja, y por el otro, uno o varios espectadores pasivos, situados fuera de la burbuja. Una vez destacados estos dos aspectos, salta a la vista cuál puede ser el vínculo entre estos diálogos y la lectura de Rayuela, toda vez que Morelli teoriza sobre la figura de su lector ideal llamándole en un momento dado “lector cómplice”, y hablando de ese otro tipo de lector, el “pasivo”, que permanece ajeno al exigente juego de erudición. |
| marioingenito51@yahoo.com.ar |
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11/12/11 | 03:04: mario ingenito dice:
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| Modelo para el lector cómplice de Rayuela.
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FUENTE: teoriadelentusiasmo.blogspot.com/2011/03/una-conversacion-llamada-rayuela_4408.html?showComment=1309743680683
«Una conversación llamada Rayuela»
Publicado por jorge fraga en viernes, marzo 11, 2011 Etiquetas: Fredi Guthmann, Luis Harss, Rayuela, Teoría del Entusiasmo, Trompeta de Deyá
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(El título extraído está extraído de un comentario
de Mario César Ingénito, Ingeneratus)
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1. Diálogos en una burbuja
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Resulta bien conocido el artículo de Mario Vargas Llosa titulado “La trompeta de Deyá”, donde se recuerda la figura de Julio Cortázar siete años después de su muerte. Ese texto fue publicado originalmente por el diario El País, el 28 de julio de 1991, y después ha sido reeditado diversas veces. Poco se ha observado, sin embargo, la conexión existente entre lo que ese artículo dice sobre la personalidad de Cortázar, por un lado, y ciertas cuestiones relacionados con su obra – con Rayuela, en particular-, por el otro.
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Lo que quiero destacar en el testimonio del narrador arequipeño es cierto aspecto de la relación entre Cortázar y su primera mujer, Aurora Bernárdez: concretamente, la particular dinámica de sus diálogos. Vargas Llosa comenta, casi al principio de su escrito, la impresión que le causaron en su momento esas brillantes conversaciones:
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nunca dejé de maravillarme con el espectáculo que significaba ver y oír conversar a Aurora y Julio, en tándem. Todos los demás parecíamos sobrar. Todo lo que decían era inteligente, culto, divertido, vital. Muchas veces pensé: \"No pueden ser siempre así. Esas conversaciones las ensayan, en casa, para deslumbrar luego a los interlocutores con las anécdotas inusitadas, las citas brillantísimas, las bromas que, en el momento oportuno, descargan el clima intelectual\".
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En mi opinión, esta situación dialógica que se describe en “La trompeta de Deyá” viene a ser un precedente y un modelo de lo que debería ser la relación de un auténtico lector cómplice con el mayor libro de Cortázar -un tándem erudito, ágil, divertido, y también, last but not least, excluyente-, siempre que el primero quiera hacer justicia a los deseos del segundo. ¿Acaso no es eso lo que Rayuela, con su sobreabundancia de citas, con sus constantes menciones y referencias a todo tipo de obras, autores y personajes diversos, demanda de su lector? A saber: un nivel cultural muy elevado… y también, quizá, algo más. Por supuesto, se puede afrontar una lectura del libro sin esa erudición; y sin embargo, para una completa inteligencia del mismo, resulta necesario compartir el conocimiento sobre tales citas. Esto no es nada nuevo, evidentemente, puesto que de algún modo ya forma parte de los planteamientos teóricos que se exponen en la obra. Pero lo mismo sucede con el requisito de ese algo más: no es imprescindible para leer la obra, aunque su falta supone un grave perjuicio para su completa comprensión. Y ese “algo más” sí puede conducirnos hacia algo no dicho hasta ahora: la definición del perfecto lector cómplice de Rayuela.
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Vayamos por partes. Tras el párrafo arriba transcrito, Vargas Llosa continúa así su descripción:
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Se pasaban los temas el uno al otro como dos consumados acróbatas y con ellos uno no se aburría nunca. La perfecta complicidad, la secreta Inteligencia que parecía unirlos era algo que yo admiraba y envidiaba en la pareja tanto como su simpatía
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Aquí aparece una palabra clave: “complicidad”. Cortázar y su mujer eran cómplices en esa dinámica, y no sólo en función de su intimidad conyugal, sino también en función del dominio absoluto que poseían –un dominio acrobático, dice Vargas Llosa- sobre los temas que trataban. Ese matrimonio unía a dos personas con un nivel cultural excepcional: Julio, amén de poeta, ensayista y narrador, era un inveterado lector; y a su vez, Aurora, traductora de obras literarias de renombre, no se quedaba atrás en su cultura libresca y artística. “Era difícil determinar –continúa el artículo, un poco más adelante- quién había leído más y mejor, y cuál de los dos decía cosas más agudas e inesperadas sobre libros y autores”. Así pues, ambos eran voraces y expertos consumidores de literatura; y este dato es fundamental, pues esa complicidad que señala Vargas Llosa únicamente podía darse entre iguales.
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Pero en la descripción hecha por el escritor peruano no sólo queda perfectamente dibujado cómo interactuaban los dos cónyuges. También nos interesa en gran medida el papel que les estaba reservado a otros posibles interlocutores ante tales alardes de ingenio; un papel que, según se desprende del texto, quedaba limitado al de espectadores pasivos. Ya lo sentencia el arequipeño: “Todos los demás parecíamos sobrar”; la particular dinámica de la charla absorbía a la pareja y excluía por el contrario a todos los demás, quienes simplemente asistían al diálogo como si fuera un espectácul |
| marioingenito51@yahoo.com.ar |
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12/10/11 | 15:47: sabrina dice:
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| hola como andan yo necesito si por favor me explican que tipo de policial es lo necesito para mañana desde ya muchisimas gracias!!!!
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| sabrina.2706@hotmail.com |
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05/06/11 | 14:26: lionel A. dice:
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| Hola ! este texto me lo dieron para 3er año me pueden ayudar tengo una duda sobre quien es el Nro 2 por que el el texto sale el Nro 1 oseo el jefe, el Nro3 es beltran , pero el nro dos no ce quien es saludos |
| lionel_37@hotmail.es |
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01/05/11 | 22:41: nogasora dice:
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| En vez de ponerse a calificar la estupidez o no de los chicos, alguno de los genios puede explicárselos. Muchas cosas son ambiguas y se presta para varias interpretaciones. Una posible interpretación: Romero es el n°2. Esto se sostiene por los pasajes en los que menciona que Romero es como un lince y cuando dice que \\\"en ese tiempo Romero era un tal Romero\\\" la misma fórmula que usa para definir a Beltrán, que es el n°3. Pero también puede pensarse que no tiene que ver con esa organización cuando dice que \\\"eran buenos amigos pero sus caminos se separaron\\\" lo que daría a entender que no pertenecen a la misma organización. Más allá de toda especulación, creo que lo más interesante es poner en relación el título con el juego que propone de identidad y numeración. Romero siempre es Romero porque le han encargado a su amigo que lo mate. Beltrán alterna entre su apellido y su número. Es el n°3 cuando le encargan el asesinato y cuando lo ejecuta. Pero en la preparación, donde aparece el recuerdo de su amistad y ante los ojos de su víctima, su amigo, es Beltrán. Identidad recuperada por la amistad; simple momenclatura cuando s{olo es miembro de la organización.
Espero que les sirva de algo y tratemos de usar estos espacios para enriquecernos mutuamente y no para seguir propagando la cultura \\\"gran hermano\\\". Saludos |
| nogasora@hotmail.com |
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30/12/10 | 23:34: Alex dice:
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| este cuento es uno d los mejores que he leido como no lo pueden interpretar? usen un poco de razonamiento y lean a Cortazar es lo mejor que hay |
| alexandrita_9507@hotmail.com |
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15/12/10 | 19:07: Diego dice:
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| la verdad es muy buen cuento y si es un poco dificil pero chicos nunca se rindan y cumpliran todos sus sueños bay....... |
| die_aguantela20@hotmail.com |
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02/05/10 | 16:08: Agustin dice:
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| el que dijo que es lo mas estúpido que leyó le digo,si fue tan estúpido como vos decís por que no lo entendiste sera por que sos mas estúpido que el libro?si,en eso estamos de acuerdo,la juventud es un desastre preocupante no saben interpretar ni respetar a los genios que tuvo nuestro país,sigan pensando que maradona es lo mejor que tenemos me dan mucha lastima y tristeza. |
| agus_fede_91@hotmail.com |
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09/04/10 | 09:38: ludovisky Martinez dice:
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| esta es la lectura mas difificil para mi hasta el momento no entiendo nada no se de que se trata nooooo se nada es lo mas enrredado que he leido en mi vida lol que clase de escritos nos quiere chavar es que hay que pensar y analizar profundamente tienes que irte directamente dentro de la lectura bueno hasta aqui me quede no entiendo nada espero algun dia entenderla... |
| ludovisky@gmail.com |
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09/04/10 | 09:28: oscar dice:
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| este cuento no lo entendi alguien me puede ayudar a entender que hace cada uno y de q se trata. esto me lo dieron en 3er a~o y no me gusto para nada..... |
| oooreyes@hotmail.com |
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23/11/09 | 18:42: Maria dice:
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| Hola! no entiend nada de este cuento fantastico de los amigos de julio cortazar, es muy confuso, me ayudan pro favor!!!!!!!!!! |
| mariaelenaforever@hotmail.com |
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25/09/08 | 14:57: YOP dice:
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| tuve que leer este cuento para lengua y literatura de 3er año... me pareció lo más estupido... es re dificil de leer, y no entendí nada. Cortázar (N) |
| florcitahh_15@hotmail.com |
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Julio Cortázar
Argentino
1914 - 1984
Nacido accidentalmente en Bruselas en 1914, Julio Cortázar es uno de los escritores argentinos más importantes de todos los tiempos. Realizó estudios de Letras y de Magisterio y trabajó como docente en varias ciudades del interior de Argentina. En 1951 fijó su residencia definitiva en París, desarrollando desde allí una obra literaria única dentro de la lengua castellana. Algunos de sus cuentos figuran entre los más perfectos del género
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