ENCICLOPEDIA DE LA DIALÉCTICA SEXUAL |
Muy bueno
- 1 voto
ENCICLOPEDIA DE LA DIALÉCTICA SEXUAL
Se recuesta displicente sobre el viejo y desteñido sofá, entre la telaraña de almohadones y estopa esculpida por un tiempo que se acomoda sobre el mismo sillón.
Pasivo, cierra los ojos. No quería volver a verlo, pero allí estaba, entre la vorágine de letras guardadas en los mil estantes de la biblioteca. Desde su titulo en el lomo, lo llama. Como si fuera un mandato, se levanta, apesadumbrado, a buscarlo.
Cuando lo tuvo entre las manos sintió el enorme peso y una viscosa atracción que le llegaba desde algún lugar de ese volumen. Un cuerpo más rojo que sus tapas, más terso que sus hojas, más abrasador que las palabras acechantes, más perfumado que el saturación húmeda del tiempo.
Con ese mismo sudor bordeándole las sienes y una llamarada en las mejillas ásperas de días sin afeitar, vuelve al sillón. El peso del libro lo consume y un temblor lo acaricia.
Vuelto a recostar, acomoda el ejemplar sobre las piernas, alza las rodillas y lo abre donde él quiere abrirse.
De esa pagina, de ésa y de ninguna otra aparece el gigantesco, descomunal, cuerpo de ella.
La cara de asombro lo movió a risa nerviosa y a carcajada bruta. Su cuerpo mojado con el sudor de años se estampó en su pecho. Los largos cabellos ahogan la barba desprolija, asfixian los ojos, Los senos, argamasa de carne y anémonas sofocan la cara y su barba se enreda entre los pezones. Las manos le recorren el torso que semeja un gorrión en una gran jaula, la maraña de piernas se acoplan al enredo de voces, se tragan el tiempo, ella esculpe al hombre con la vorágine del deseo. El se arrastra como serpiente bajo la voluptuosidad que lo agobia. El cuerpo empieza a latir como el mar late cuando lame la orilla en las noches. Quiere tocarla, pero ya no toca, quiere besar sus senos, su vientre, pero ya no besa. No debe moverse y no se mueve. No debe hablar y no habla. Solo debe arder y arde. Arden y son uno.
Se duerme. El libro, en el piso, cerrado. Cuando despierta, una sensación de liviandad asoma como algo nuevo Se levanta con lentitud, toma el ejemplar y lo devuelve al lugar vacío en el estante; cerrado bien cerrado.
Se dirige al baño peina sus largos cabellos rojos, seca la humedad acorralada en el nacimiento de sus senos y pinta de un color rabioso sus labios pálidos. Una risa nerviosa y una carcajada bruta hace eco en el espejo cuando escucha el aullido desesperante que mana del libro más grande de la biblioteca.
Mónica Aramendi
Subido por monica aramendi
| Comentarios - Escribí tu comentario |
|