NADIE |
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La tarde asoma en un gris perdido.
La gente apura los pasos para encontrar el cobijo del viento helado junto al hogar encendido.
Nadie saluda. No se entrecruzan miradas. Los cuellos levantados de los abrigos, bufandas y gorros tapan los rostros.
La miradas se esconden.
El frío adormece más que el calor. Adormece mortal.
A medida que la luz se escurre, los focos de la ciudad se encienden. No es lo mismo. No se ve igual.
Las sombras terminan. El apuro de siluetas se detiene frente a las puertas que los tragan. Alguna cancel se recorta más negra sobre el cielo mas negro.
La vida se subsume en las luces interiores.
Afuera nada. El viento arrecia. El frío quiebra.
Nadie. La oscuridad esconde.
Nadie.
Solo seres arrinconados en un banco de estación.
Solo figuras acurrucadas junto a un perro en algún zaguán prestado.
Solo sombras bajitas hurgando en la basura.
Solo un tren blanco con aroma gris.
Nadie.
Cuando acabe la noche y el sol temple la débil mañana, el lugar se poblara de gente, de gente que como en un ritual, se obligara a decir. “qué noche, Negro, a las ocho no quedaba ni Cristo en al calle”
Mónica Aramendi
Subido por monica aramendi
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