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EL SOL | Malo Regular Bueno Muy bueno Muy bueno - 1 voto

EL SOL

Pudo haber sido un día más, uno de tantos, uno intrascendente, sin detalles, sin historia, un día cualquiera; incluso para algunos lo fue. Pero no para todos...
En algún lugar de la memoria de los afectados quedó grabado el día en que el sol decidió iluminar la tierra saliendo por el punto cardinal opuesto.
Parece imposible, pero así fue, sin catástrofes ni anuncios, sin tormentas ni previo aviso, el sol nació por el lado opuesto.

El cambio no afectó a los niños, o al menos no en la manera que pedagogos, educadores, sociólogos, padres y psicólogos esperaban.
Los pequeños que estaban acostumbrados a recibir los rayos de sol tempranos en sus ventanas estiraron un poco más el descanso, aquellos cuyos dormitorios miraban hacia el nuevo origen, se alegraron al jugar con las formas que su imaginación adivinaba entre rayos pequeños y sombras que se colaban a través de los visillos, deleitándose en un universo de pelusas que flotaban en calma.

El cambio no afectó a los ancianos, o al menos no de la manera que hijos, médicos, enfermeros y psicólogos esperaban. Los abuelos saludaron con igual alegría al alba que les regalaba un día más de vida. Tan solo cambiaron de bancos en las plazas y de mecedoras junto a la ventana, a fin de captar el calor que sus cuerpos generan con escasez, mientras alimentaban las aves o tejían bufandas.

El cambio no afectó a jóvenes y enamorados, o al menos no de la manera que las personas
no comprendidas en los grupos anteriormente citados esperaban.
Los adolescentes siguieron construyendo su vida y cubriendo distancias,
dieron vueltas algunas reposeras y no se detuvieron a esperar ver que pasaba.

El cambio no afectó a los animales, o al menos no de la manera que veterinarios, ecólogos y expertos esperaban. Los animales recibieron al astro rey indiferentes al cambio.
Algunas aves salieron de sus nidos un poco más temprano y otras lo hicieron más tarde, algunos gallos saludaron al alba con demora y otros lo hicieron a tiempo, como de costumbre.

El cambio no afectó a las plantas, o al menos no de la manera que naturistas, horticultores y expertos esperaban. Las flores rotaron lentamente hacia la mañana, las hojas las siguieron y para las semillas la novedad continuó siendo el agua.

El cambio si se hizo sentir sobre los gobiernos, algunos pronunciaron edictos asegurando que no pasaba nada, otros trazaron planes de emergencia ante el nuevo alba, hubo quienes desmintieron oficialmente lo que sucedía y aún peor existieron los que no creyeron y para reforzar la idea dejaron de ver por las ventanas.
Los que se encontraban en la noche aseguraron a sus pueblos que a ellos no los afectaba, los que se hallaban en guerra hablaron de una nueva arma, los que estaban en paz aprovecharon para abandonarla,
los con economía en crisis criticaron a los países que los endeudaban, las grandes potencias fijaron costos a las pequeñas para ampararlas.
No hubo un acuerdo unánime y la ciencia cargó con las culpas de la ignorancia.

El cambio si se hizo sentir sobre los científicos, algunos astrónomos afirmaron tener fallas en sus gigantes telescopios, otros discutieron hasta cansarse sin llegar a nada, los grandes sabios fueron defenestrados y sus libros quemados en hogueras, se formularon hipótesis empíricas y las bases de la ciencia fueron socavadas.
No existió un consenso unánime y fue el momento de volcar las críticas a las fuerzas armadas, por su incapacidad de detener el colapso.

El cambio si se hizo sentir en los ejércitos, algunos generales hablaron de una invasión extraña,
otros vieron en sus enemigos un peligro que los amenazaba y sacaron banderas blancas o armas secretas según su conciencia les dictaba.
No hubo un accionar decisivo y fue el momento de volcar las culpas en las creencias humanas.

El cambio si se hizo sentir en los líderes religiosos, algunos proclamaron que el fin del mundo se acercaba
y llamaron a sus fieles a dejar bienes en sus arcas en busca de una felicidad eterna ya que el final se acercaba; otros encontraron profecías que anunciaban lo que pasaba y aseguraron conocer el camino de salvación del alma; no faltaron además quienes mostraron la hilacha, abandonaron los hábitos y todo ejemplo de enseñanza, criticaron a Dios y lloraron por sus almas.
No hubo una postura acertada y el círculo se cerró en una crítica a los gobiernos.

El día siguiente al cambio produjo una marca en la humanidad que nadie esperaba, el sol salió como siempre y el ayer quedó en la nada.
En la vergüenza de lo hecho y el silencio que lo acompaña sólo se escuchó la risa de los niños, algún bostezo de las nanas, el avance de los jóvenes y el canto de los pájaros que saludaban al alba.


Carlos César Contesti

Subido por Carlos Contesti
Comentarios - Escribí tu comentario
08/05/08 | 06:18: Viviana Sanchez dice:
Carlos, este cuento bien podría haber sido un poema, tiene una musicalidad que transmite poesía. Una vez más asoma la vergüenza de los hechos incomprensibles de los hombres ante lo comprensiblemente inmanejable para ellos. Lo que está fuera de su alcance, comprensión, manejo, ejecución y control, los lleva al desastre y desborde de sí mismos. Una alegoría de la propia humanidad y en el fondo, lo sublime del amor que espera paciente su momento de brillar. Un abrazo.

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