EL FRANCOTIRADOR |
Aguardaba escondido fuera de la mirada de los escasos transeúntes que se atrevían a surcar la noche, bajo un alero que lo protegía de la lluvia torrencial que se batía sobre la urbe, esperaba el momento oportuno en que debería actuar; a pocos metros tras el cristal empañado de la ventana, una silueta indiscutiblemente femenina se movía de un lado a otro impacientemente, quizá presagiando lo que sucedería.
Las campanas de la catedral dieron la medianoche, se apretó contra la fría pared y con calma meticulosa preparó su arma, el momento de actuar estaba próximo.
En el interior del departamento la mujer escuchó el timbre y nerviosa se acercó a la puerta, se acomodó el vestido, abrió y él ingresó; ambos ignorantes de la presencia de un observador oculto en la oscuridad de la ciudad.
Pacientemente dejó que ellos hicieran lo suyo, un par de veces apuntó sin llegar a disparar, tan sólo para comprobar que podía hacerlo cómodamente desde su actual posición; luego se permitió descansar, observando a ratos que ellos no fueran a irse. Un rayo trazó su recorrido por el cielo mientras la voz de la tormenta intentaba alertar a la pareja de lo que estaba por venir, pero ellos no supieron comprender el grito de la naturaleza; el cielo lloró con más fuerza y el francotirador supo que no saldrían con una tormenta como esa. Se tomó tiempo para organizar otro encargo que debía cumplir esa misma noche y cuando consideró que ya era tiempo se preparó; como si nadie pudiese verlo, caminó unos pasos por la cornisa y se detuvo frente a la ventana, agudizó la mirada y satisfecho comprobó que hombre y mujer estaban abrazados, no había equivocación, eran ellos. Apuntó y luego de una eternidad durante la cual los sonidos del entorno se silenciaron, disparó.
En el interior del departamento el hombre sacudido por el impacto miró a la mujer a los ojos y con voz temblorosa dijo "Te amo", ella sucumbiendo junto a él respondió "Yo también".
Fuera, una figura diminuta enfundó su arma, sacudió sus alas y se marchó volando a otro rincón de la ciudad, donde una pareja distinta discutía, esperando un milagro que sólo Cupido podría ejecutar.
Carlos César Contesti.
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Subido por Carlos Contesti
| Comentarios - Escribí tu comentario |
08/05/08 | 07:15: Viviana Sanchez dice:
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Buenísimo! Te diré que presentía ese final pero el relato es sabroso y me dejé llevar. Saludos!
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