PAJAROS EN LA CABEZA |
Pájaros en la cabeza
Gracias Ismael Serrano por prestarme este título (aunque no lo sepas).
Mientras su mente aún venía de camino al hogar, su boca ya había ingerido la merienda y sus ojos observaban incrédulo el texto incomprensible en el cuaderno de tareas; debió aguardar unos minutos en contemplación hasta que su distraída compañera arribó a él, entonces las palabras cobraron significado y leyó, “tarea de matemáticas, escribir los 10 primeros números primos”. La sonrisa se mudó a su rostro, conocía los números, pero jamás imaginó que hubiera un parentesco entre ellos, ¿sería un lazo de sangre el que los unía? El gesto tenue migró a risa y de allí explotó en carcajadas. Su madre acostumbrada a ese niño que parecía bailar al ritmo de una música diferente, se asomó de la cocina mientras sus manos teñidas de harina se restregaban sobre el delantal.
- ¿Qué te provoca tanta gracia angelito mío? – le preguntó con ternura.
- ¿Sabías que los números tienen parentesco como nosotros? Me imagino al 0 dándole una tunda a su primo el 1 por decirle “gordo”, los números son muy graciosos. - concluyó.
Ella meneó la cabeza y festejó el comentario por un motivo diferente, tenía a su lado a un niño que difícilmente traería alguna vez una nota de dos dígitos por una lección o tarea, pero que estaba lleno de “excelentes” en su corazón. Un nuevo estallido de risa la llevó de regreso a la masa de la torta en preparación, de nada servía desacomodar el nido de pájaros en su cabeza, el colegio estaba por encima de sus posibilidades.
Él continuaba riendo a cada instante, imaginando un gordo 9 sentado sobre un 4 invertido que oficiaba de silla, lejos ya su imaginación de la labor, la misma escapó por la ventana y se fue presurosa a la plaza a jugar, se trepó a una calesita que giraba incansable cuando esta cumplía la vuelta número 2 y se bajó en la 3, cortó 5 flores y siguió durante 7 minutos el paso de 11 hormigas hasta que el reloj de la torre de la iglesia dio las 13; entonces como un pensamiento perdido recordó que a las 17 era el cumpleaños de su amigo José, la fiesta duraría hasta las 19, luego regresaría para la cena y se acostaría a repasar la lección, hasta las 23. Mientras los sucesos acompañados de números danzaban en su cabeza, recordó que el domingo 29 su equipo se enfrentaría a los de la otra cuadra en el potrero, sería un partido difícil, pero ahora debía concentrarse en la tarea y de regreso a la vieja mesa del living, ubicado junto a la ventana, narró en cifras el paseo de su fantasía teñida de sucesos y algo sucia de tierra de la plaza.
Carlos César Contesti
www.argentinaenletras.com.ar
Subido por Carlos Contesti
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