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MALDITO HEROE.... |
Maldito Héroe…
Entramos al banco armados hasta los dientes. Sabíamos que contábamos con exactos diez minutos antes de que la policía rodeara el lugar. Según nuestros cálculos, nos tomaría tan sólo cuatro minutos y veinte segundos vaciar las cajas. En las mismas habría una suma cercana a los cuatrocientos mil pesos. Quizá pienses que, por esa cifra, no vale la pena. Al menos, fue lo que yo pensé cuando me invitaron a participar del golpe.
Durante el lapso de dos meses nos tomamos las molestias necesarias de aprendernos los horarios de cada uno de los empleados del banco. Es obvio que también, la de los policías que custodian el mismo. Habíamos deducido que el mejor momento para el golpe era cerca de las doce del medio día. Justo en ese momento los cajeros comenzaban a juntar el dinero para la empresa de caudales que se encargaba de los retiros.
Una vez dentro, lo primero que hicimos fue reducir a los cuatro custodios. Sólo bastó con que mostráramos nuestras armas ahora que todo el mundo se pusiera a gritar. Mi cuñado fue quien dio el grito de: - ¡Todo el mundo al piso, carajo!
Tras el mostrador los cajeros se movían con cautela, seguramente guardándose algunos billetes para si. Seguramente, también, que ya abrían hecho sonar la alarma. Fue entonces cuando comenzamos a dispersarnos. Mientras mi hermano cuidaba la entrada y mantenía quietos a los policías; mi cuñado y yo, tomábamos el dinero de las cajas. En tanto, mi suegro, se estaba encargando de la bóveda. El gerente, al principio se resistió a querer abrirla mas cuando Juan le pegó con el revólver en la cabeza, cambió de opinión…
Antes de lo previsto, las fuerzas especiales de la policía nos tenían rodeados. Fue entonces cuando no dude ni un instante. El robo había sido toda una boludez. Me puse a pensar en las deudas y en la cifra que me quedaría para mí del botín. Siquiera alcanzaba a cubrir la mitad de lo que debía. La imagen de mi hija y mi mujer se me vinieron a la cabeza. Fuera del banco estaban los dos tesoros más preciados de mi vida. Si algo me pasaba ellas quedarían solas y prácticamente en la calle. Me hipotecarían la casa en tres días si no pagaba y ellas no sabían nada.
… Pasaron cuatro horas y mi suegro, que era quien comandaba el grupo, no desistía de su idea de resistir hasta el final. En cuanto a los rehenes, aún no habíamos liberado a ninguno. Mi cuñado, mi hermano y yo sabíamos que todo esto iba a terminar mal sino colaborábamos un poco. Con suerte nos pondrían en prisión… Con algo de suerte alcanzaríamos a cruzar la puerta por la que habíamos entrado…
En los techos de los edificios alrededor del banco, los francotiradores habían comenzado a tomar posición. De golpe recordé que mi seguro. En el caso de que algo me pasará el importe del mismo cubría justo los gastos de la hipoteca.
Fue entonces cuando tome a uno de los rehenes y me dispuse a salir. Ya no importaba nada. Sólo ellas y su bienestar. Sabía que con el tiempo lo entenderían… El eco de voces de mis compañeros no llegaba a mis oídos. Estaba a pasó de la salida cuando se me dio por mirar el rostro de la pobre victima. Salimos juntos y me detuve de golpe…
Era el novio de mi hija. El que ella amaba con todo su corazón… El francotirador del edificio de enfrente del banco recibió la luz verde. El joven se dio cuenta de ello y me abrazó… El disparo fue ensordecedor… Mi pecho se lleno de sangre. Comencé a sentir que caía….
De golpe lo entendí todo. Los gritos me taparon los oídos. Lo había perdido todo, en sólo un instante… El seguro de vida; la casa y las dos mujeres que más amaba…
-- Paul Richard --
Subido por Paul Richard
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