A LA LUZ DEL AYER |
A la luz del ayer
Mientras trataba de poner su lámpara nueva en uso, el techo de chapa de la modesta vivienda que alguna vez fue un sueño compartido le dejó escuchar el sonido de la lluvia que comenzara la tarde anterior, el viento sacudía las hojas de las ventanas y le provocaba un miedo ancestral que no llegaba a paralizarla. Se detuvo junto a la cocina y encendió un par de hornallas con la intención de calentar un poco el ambiente; contrariamente a su costumbre, no corrió las cortinas para ver el jardín posterior, pero eso no le impidió recordar otros tiempos donde sus nietos corrían por el disfrutando de un espacio que les estaba vedado en la gran ciudad. Encendió la radio en busca de compañía, pero el temporal dificultaba la calidad de la recepción y optó por apagarla; con un pocillo de café apretado entre sus manos, sintió que era observada y su piel respondió inmediatamente con un escalofrío.
Un habitual sonido desapareció y su cerebro registró el suceso, se volvió hacia la pared y apreció que el viejo reloj rojo se había detenido; en ese instante el viento le jugó una broma ingrata y creyó escuchar su voz entre el lamento de los visillos.
Superando el miedo que la invitaba a la quietud, descorrió las cortinas y observó sabiendo con antelación lo que vería; él estaba allí, como años atrás, como siempre lo imaginó, como realmente alguna vez fue. De espaldas a ella caminaba lentamente, agachándose con dificultad de tanto en tanto para arrancar algún brote no deseado de su jardín; pestañó un par de veces intentando borrar la imagen sin demasiado éxito, finalmente algo en su interior aceptó que esa visión era al fin un paliativo a su soledad y permaneció mirándolo acompañada de los fantasmas del pasado. Él se volvió con calma y desde fuera la miró con tristeza y profundidad, sonreía en calma y había amor en su mirada; se volvió unos pasos y cortó un jazmín, lo llevó ante su nariz y cerrando los ojos se deleitó con el aroma, luego lo besó y finalmente lo arrojó hacia ella en un movimiento lento, imposible en el mundo real. La flor describió un arco dejando un brillo luminoso a su paso mientras se acercaba hacia el cristal, en tanto el frío emprendía retirada a su alrededor; un rayo de sol se abrió paso por unos instantes entre un cielo cansado y el capullo impactó silencioso en la ventana cerrada, lo que no impidió que su aroma exquisito impregnase la casa. Cuando pudo reaccionar, corrió afuera para descubrir lo que la razón le dictaba desde el comienzo de la visión, él no estaba allí, su ausencia de años permanecía indemne. Buscó bajo la ventana el capullo cortado, pero tampoco estaba como era de suponer, tras unos minutos regresó al interior donde el sonido del reloj la recibió; sobre la mesada un jazmín descansaba en un vaso de agua, pétalos ubicados con delicadeza formaban la figura de un corazón. Temblando de emoción se sentó en la mecedora que él le regalara y aferrando un último retrato juntos se sumió en los recuerdos mientras descartaba la posibilidad de contarle el suceso a sus hijos, la radio que debió dejar encendida captó exitosamente una emisora y un viejo tema que fuera del gusto de ambos se dejó escuchar, la lámpara se encendió e iluminó su rostro en la foto.
Carlos César Contesti
www.argentinaenletras.com.ar
Subido por Carlos Contesti
| Comentarios - Escribí tu comentario |
|
|