HISTORIA COTIDIANA |
Excelente
- 1 voto
HISTORIA COTIDIANA
Ellos se observaban mutuamente y ninguno sabía qué decirse exactamente, el tiempo de las palabras había quedado atrás, ya no había lágrimas por llorar ni sonrisas que brotasen espontáneas. No quedaban en sus corazones más que heridas que las caricias del otro no supieron sanar a tiempo. En la vieja máquina de música un tema romántico comenzó a sonar y las notas se abrieron paso por el viejo bar esquivando a la pareja, el amor no era el protagonista entre ellos. El miró por la ventana con los ojos gastados sin ver nada en particular, ella buscó el punto de su mirada en la seguridad de que encontraría otra mujer, pero se equivocaba. Ella leyó un mensaje en su celular y el supuso que otro hombre era su autor, aunque también estuviese en un error. -Esto no puede seguir así. – dijo ella y las palabras sonaron a pensamiento. Nerviosa golpeó la taza de café y el líquido a punto de derramarse se contuvo de hacerlo para no sumar un dolor más. El se estiró y con delicadeza le agregó media cucharada de azúcar y la revolvió. -Tomá despacio, está muy caliente. – agregó a un diálogo sin libreto. De su bolsillo extrajo el atado y tomando un cigarrillo lo encendió y se lo ofreció, la bocanada de humo se negaba a escapar, quizá para darle un tinte de tiniebla a esta historia de protagonistas cansados que llegaban a su fin, del atado cayó una flor marchita. -¿Esa flor es…? -Sí, es esa. Ella recordó el día que el robó un pimpollo de rosa de un jardín y se lastimó al hacerlo, entonces le limpió la sangre con la flor y se la devolvió diciéndole “tu amor por mi se tiñó de vida, no lo olvides nunca”. Un último destello del ayer se hizo brillo en sus ojos y escapó presuroso desapareciendo en su mejilla, de la cartera extrajo un pañuelo y lo pasó por su rostro. En la premura del gesto una foto cayó sobre la mesa… -¿Esa foto es…? -Sí, es esa. La memoria trajo un recuerdo de rostros sin arrugas y cuerpos jóvenes, una pareja abrazada, ella sonriendo y él feliz acariciando su vientre repleto de vida. La garganta le jugó una mala pasada y la piel se vistió de escalofrío. -Tanto tiempo y ahora nada… Una nota rebotó en la mesa y continuó su camino. -Cuantas vivencias perdidas… Dos corcheas chocaron con ellos y siguieron por rumbos diferentes. -Quizá debería… - atinó a decir ella y se detuvo. -Quizá yo… - comenzó el al mismo tiempo y no culminó. Varios acordes rozaron la piel de ambos. Las miradas volvieron a unirse y cada uno vio algo de ayer en el otro, parte de lo que los llevó alguna vez a ser uno solo. -Si te pidiese… -Te diría que sí. -No sabes lo que voy a pedirte. -¿Crees que no? La música los envolvió y jugó con ellos. -¿Lo harías? -Por supuesto. – respondió ella y estiró su mano. Él la tomó y poniéndose en pie esperó a que se levantase. Los demás vieron con asombro como una pareja se abrazaba y comenzaba a bailar. - Están tocando nuestra canción. – dijo él y las palabras se ahogaron en los labios de ella.
Carlos César Contesti
www.argentinaenletras.com.ar
Subido por Carlos Contesti
| Comentarios - Escribí tu comentario |
|