Home | Blogs | Foros | Registrate | Consultas | Viernes 5 de setiembre de 2008
Ir a la página de inicioIr a los Foros
Todos los foros   Cine   Cuentos   Educación   Escritores   Literatura   Música   Poesía   Tango
Foro de Cuentos En este foro podrás subir cuentos y narraciones en general.
Menú principal
Foros
Nueva Entrada
Entradas
HISTORIA COTIDIANA
PAPA NOEL EXISTE
MABEL URQUIJO
A LA LUZ DEL AYER
VIAJE AL CIELO
CADA NOCHE UN MUNDO DISTINTO
Justo...
Lo peor...
A destiempo...
MALDITO HEROE....
Historias imaginarias:
sueño?
25 de Mayo de 2008
EL VIAJE FINAL
PAJAROS EN LA CABEZA
EL FABRICANTE DE ALAS
SOMOS DIFERENTES
Hasta luego... capitán (A Aberto Olmedo)
Cuentos para el alma:
EL FRANCOTIRADOR
TODO POR LOS SUEÑOS...
EL SOL
LA CASA GUARDADA
Escribir
"TIEMPO"
El Hombre que sabía
Tarzàn no murío, esta vivo en el subte linea"D"
Cumpleaños no deseados: JA.JA.JA…
Trampa íntima
Devenir
El Cóndor por Angeles Rosique
Los colores rebeldes
ENSAYO SOBRE TALLERES LITERARIOS EN ARGENTINA
Detención de tiempo
El ritual de las máscaras
La rueda en espiral

Escribí un comentario Escribí tu comentario Enviá este artículo Envialo a un amigo Votá este artículo Votá este texto Texto al 100%Aumentar texto
El Cóndor por Angeles Rosique | Votar


Aquella noche me invadió un bello sueño, que durante todo mi niñez me había acompañado varias noches a la semana, el sueño empezaba con una niña del barrio de Kunsai, (Kunsai era el barrio más pobre y desolado de mi país), con sus insaciables ganas de vivir, en la comisura de sus labios se podía observar la esperanza, la vida… Anea que así se llamaba la bella princesa, y como la llamaba Cóndor, tenía una vida solitaria, y sin esperanza, vivía con la ilusión de que su pájaro volara cada noche a darle lo que no tenía "amor, cariño y sueños".Cada noche se trasladaba a un banco del parque, sentadita con sus pequeñas manitas cruzadas encima de sus delgadas rodillas, a esperar a su gran amigo el Cóndor, él era una especie de combinación entre pájaro y ángel, ellos permanecían de la mano se miraban y a través del contacto de sus manos hacían realidad esa gran ansia que tenía, de que alguien le diera un beso, la acariciara, la mimara, porque Anea vivía en un lugar horrible, el lugar más pobre y desolador de la tierra, pero Anea se sentía libre, querida, amada y segura con Cóndor hasta que empezaba a repuntar el día, entonces se despedían hasta la próxima noche, cuando el Cóndor la volvería a llamar en medio de la noche, para darle su mano y acompañarla en ese trance de miedo y temor que ella tenía y no podía despojarse. Pero durante el encuentro Anea destruía todo eso que le rodeaba durante el día, no se acordaba de nada, solo vivía esas horas como las más bellas y esperadas de su existencia. Pero una noche Cóndor no apareció, ella estuvo durante toda la noche sentadita, esperándolo y no apareció….
Al día siguiente, Anea creyó que el Cóndor la había olvidado y abandonado, como la mayoría de las personas que habían existido en su corta vida, así que la tristeza invadió de una forma desproporcionada su animo, estuvo llorando todo el día y cuando llegaba la noche, las lagrimas habían cambiado de color, las pequeñas gotas resbalaban por sus mejillas en un color púrpura brillante, y al llegar a la comisura de sus labios se convertían en pequeños pajaritos, que arrancaban a volar alrededor de su carita. Al cabo de unos minutos, uno de esos pajaritos se poso encima de su hombro y acercándose con sus diminutas patitas le susurro al oído:
-Anea ¿Por qué lloras?, no debes estar triste, Cóndor no se ha ido, el está siempre a tu lado, él siempre te vigila, nunca se apartó de ti. El tiene mucho trabajo, hay niñas como tu, y en peores condiciones, y tiene que ayudar a todas.
Anea entendió perfectamente el mensaje del pajarillo, ella era una niña muy comprensiva, entendía perfectamente que cuando te sientes como ella se había sentido antes de conocer a Cóndor las cosas son muy difíciles. Así que agradeció la ayuda y le pidió al pajarillo que le mandará un besito a Cóndor, pero le dijo que no hacía falta que se lo enviará, ella tendría oportunidad de dárselo, porque Cóndor no había desaparecido de su vida, solo se había ausentado en unos días.
Pajarillo, que así lo llamó a partir de ese día se había hecho inseparable de Anea, él era ahora su amigo, guía, su ángel de la guarda, siempre iba sentadito en su hombro y la acompañaba a cualquier lugar. Anea estuvo protegida por el aura de Cóndor, aunque realmente no volvió a verlo, lo sintió durante toda su vida, Pajarillo se separó poco a poco de ella, a medida que pasaban los años, y era más independiente, más fuerte y segura, hasta que Anea caminaba sola por el mundo, pero sin miedo.
Pasó toda su vida enseñando, ella supo entender a los niños, porque ella salió de un lugar que jamás ningún niño debiera conocer, un lugar que debería desaparecer de la tierra, para convertirse en un trocito de cielo. Un trocito de paraíso donde los niños fueran niños, donde el juego, el amor y la ternura fuera algo normal, algo de lo que nadie se sorprendiera o que jamás haya conocido.
Cuando Anea estaba a punto de morir, ya muy viejecita, se le apareció Cóndor, aquella maravillosa tarde de verano, en la que el cielo tenía varios colores, entre el rosa, amarillo, azul, y dorado. Apareció Cóndor en la repisa de la ventana, con su pico hizo sonar el cristal para que Anea lo mirará, y allí majestuoso y valiente le dijo:
-Anea, tu no te vas a ningún lugar, tu vendrás conmigo, estarás siempre junto a mi, y yo te enseñaré que es la verdadera felicidad, volaremos juntos alrededor del mundo y podrás ver que es eso que todos queremos, donde está eso que anhelamos y que pocos consiguen ver. Tu nunca te alejarás de mi, al contrario, vas a ser mi guía, igual que lo fui yo en un momento de tu vida. Así, que Cóndor sopló fuerte hacía el interior de la ventana, y en aquel momento apareció un polvillo púrpura, alrededor de Anea, que la envolvió y la convirtió en cóndor. Poco después Anea se posó junto a Cóndor y los dos salieron volando por aquella ventana, rumbo a algún lugar a un país donde aun no conocían que era eso tan bello que ellos querían conseguir. Cóndor y Anea empezaron un viaje que jamás los separaría, un viaje para ayudar y conseguir algo que casi era imposible, pero jamás les venció el desanimo, la tristeza de ver que hay ocasiones que aunque te lo propongas, no se consigue tu propósito, pero eso no tiene que dejar que te venza el desanimo, al contrario es eso lo que tiene que darte las fuerzas para luchar la próxima vez.






Subido por Marian
Comentarios - Escribí tu comentario
Noticias | Efemérides | Novedades | Ventas | Biografias | Textos | Audio | Recomendados | Entrevistas | Informes | Agenda | Concursos | Editoriales | Lugares | Actividades | Blogs | Foros | TiendaFundación | Letras de Tango I | Letras de Tango II | Publicidad | Contacto | Boletín
© 2006-2008 - www.escribirte.com.ar | Todos los derechos reservados   | Diseño Web