la muela |
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La muela
Me decidí…hacía ya una semana que el dolor, -Leve los primeros días- iba incrementando su intensidad hasta hacerse ya hoy, totalmente insoportable.
Al principio pensé que se me pasaría tomando un trago de cognac e inundando la zona de la cavidad bucal alrededor de esa muela con la noble y fuerte bebida…pero solo conseguí vaciar inútilmente media botella del buen licor que guardaba para ocasiones mas tranquilas y placenteras, pues el dolor, apaciguado un momento por el contacto del alcohol, volvía a manifestarse con toda su intensidad a los pocos minutos de haberme hecho ese buche y tomado el trago… (pues como comprenderan…no lo iba a tirar..)
Después de repetir este tratamiento dos o tres veces seguidas noté que el piso se me movía y se me trababa la lengua…pero el dolor seguía, por lo que deduje que emborrachar el nervio de esa muela requeriría algo mas que un buen cognac.
Era una buena muela…llevaba 62 años usándola y siempre dando buenos servicios.
Solo tenía un pequeño arreglo hecho veinticinco años atrás…era la anteúltima del maxilar superior y si me la hacía sacar me quedaría un hueco allí que me molestaría el resto de mi vida.
Esa mañana me levanté de la cama temprano, ya con el dolor en ciernes…pero todavía soportable.
Preparé el mate, como de costumbre…puse el noticiero en la radio, como de costumbre …
Y le llevé uno a la cama a mi esposa, como de costumbre…la inefable rutina matutina a la que soy tan afecto desde hace…muchos años.
El primer mate siempre es para ella, después vienen los consabidos comentarios…
Si está frio, si está caliente, si está lavado, si le falta azucar…que está muy amargo, que está largo, que está corto… Se chorrea…la bombilla esta tapada, no le puse limón, demasiado limón, sabes que me gusta con cedrón…no le pongas mas cedrón, dame uno mas…no quiero mas…uff.
Ese día el agua estaba realmente muy caliente… y al cebarme uno para mi y sorber el reconfortante brebaje verde a través de la plateada bombilla, paladeándolo antes de tragarlo… las torturas descriptas en el infierno del Dante deben haber sido travesuras de niños comparadas a la que fuí sometido al contacto del caliente líquido con mi muela.
Al instante comencé a sentir un dolor lacerante, como si una aguja al rojo vivo se me empezara a clavar desde el paladar y avanzando lentamente a través de mi masa encefálica quemando todo a su paso, quedara incrustada en el cerebelo.
Y atrás de esa sensación vino otra y otra…obligándome a aullar como creo que nunca en mi vida antes lo había hecho, creando confusión e inquietud a los buenos vecinos de ambos lados de mi casa, los cuales se apresuraron a llamar por teléfono, preocupados por si había pasado alguna desgracia.
La intensidad del suplicio habrá durado cinco minutos, pero jamás lo podré olvidar.
Fue la gota que rebalsó el vaso…
Armándome del coraje y la valentía de la que he dado sobradas muestras toda mi vida de caballero andante y mirando fijamente a los ojos a mi fiel Dulcinea, le dije mi intención en un tono digno de héroe de epopeya…
-¡Hoy…me la saco...!-.
En nuestra obra social me daban turno con el odontólogo para dentro de cinco días…imposible, no estaba dispuesto a esperar tanto.
!No podía esperar tanto...!
Recordé entonces, que a unas pocas cuadras de casa funcionaba un centro comunitario de salud que creía recordar, brindaban servicio de odontología a toda hora y sin pensarlo mucho, acordando con mi esposa para que ella atendiera sola esa tarde nuestro negocio y para demostrarle que uno no lleva los pantalones solo porque es peludo…, cual héroe que busca la gloria, yo fuí en su busca…
¡Fuí al dentista!
Hasta el momento de llegar a la puerta del consultorio y tocar el timbre, todo fue bien…pero al abrirse la puerta y apenas el característico e intenso olor a creosota invadió sin miramientos mis fosas nasales…mi gallardía me abandonó y supe que no volvería.
La amable recepcionista que me atendió me comunicó que en quince minutos el doctor terminaba con un paciente y enseguida me atendería a mi.
Me senté en una silla y esperé. Ese término… --Terminar con un paciente-- …me intranquilizó.
De pronto…un grito, en realidad un alarido que parecía sacado de una película de ultratumba resonó en la sala de espera proveniente del consultorio del dentista, al mismo tiempo que una ronca y furiosa voz gritaba…
-!Abra la boca…! ¡Suélteme el brazo…!-
Quedé paralizado, se me erizó el pelo y se me heló la sangre en las venas…
Y en ese estado, a lo único que atiné fué a levantarme de la silla e ir caminando lentamente, con disimulo, hasta la puerta de salida y al llegar a ella girar el picaporte para huir…solo para comprobar que estaba cerrada, se abría remotamente desde el escritorio de la recepcionista, la miré de reojo…
Ella estaba observando mis movimientos atentamente.
Me acerqué a su escritorio y le dije con el resto de aplomo y de vergüenza que aún me quedaba…
-¡Me pareció que alguien llamaba a la puerta…-
-No se preocupe señor…, -dijo con una sarcástica sonrisa- ,si alguien golpea yo le abro desde aquí…-
Ahora había un silencio ominoso en el consultorio… ¿Lo habría matado...? miré mi reloj.
Ya habían pasado los quince minutos…
Y recordé la frase de la recepcionista... -En quince minutos termina con el-
Quería verle la cara al pobre tipo que había caído en las garras de este sádico dentista y me decía a mi mismo que... ¡Yo iba a ser el próximo..!
A esta altura ya estaba totalmente entregado y solo quería que lo que tuviera que pasar pasara rápido.
Permanecía sentado frente a la puerta del consultorio como en trance, no había escuchado mas gritos, ni siquiera voces…
Cuando de pronto por el intercomunicador de la recepcionista, se escuchó la conocida ronca voz diciendo...
-¡Señorita, haga pasar al siguiente ...!-
La recepcionista me miró sonriente y me hizo un gesto con la cabeza, como diciendo... -!Vaya...le toca a usted...!-
Pero... ¿Y el paciente anterior donde estaba...? Yo no lo había visto salir, me había sentado frente a la puerta del consultorio solo para mirarle la cara...
Y ahora.... !Tenía que entrar solo… sin haberlo visto…!
Sin poder observar los estragos que seguramente este dentista le habría hecho en su fisonomía…
Seguro que le habría arrancado la muela sana, cortado la lengua, o clavarle algún instrumento de tortura en el paladar…
Esa era la excusa ideal que me estaba reservando en mi subsconciente para salir corriendo de alli, pero no salió nadie…!
No noté cuando la recepcionista se levantó y tomándome de un brazo me acompañó amablemente hasta la puerta del consultorio, diciéndome con palabras suaves y acariciantes…
!No se preocupe ¡….no va a dolerle nada…el doctor es una maravilla…-
Mientras me daba un suave empujoncito y me introducía en la sala de torturas.-
El estaba de espaldas sobre su pequeño escritorio acomodando unas tarjetas de un fichero, al lado del blanco sillón de torturas sobre una mesita alargada, estaban alineados prolijamente los mas sádicos instrumentos para infligir dolor inventados por el hombre, entre los que se destacaba una gran pinza con sus puntas terminadas en forma de diente de tiburón…temblé al imaginar ese instrumento arrancando pedazos de muela con restos de encía al infeliz desprevenido que se entregara al hombre de bata blanca que en ese momento estaba comenzando a darse vuelta para mirarme y levantándose de su silla me dijo…
- ¿Que le esta pasando amigo…?-
El tipo era una mezcla de Joseph Mengele con bata blanca con Arnold Schwarzenneger como ´´exterminator´.´
Como yo me quedé sin habla, puso su manaza sobre mi hombro para obligarme a sentarme en el sillón de torturas, mientras me decía…
-¡Recuéstese aquí amigo, relájese ...!-
-A ver, a ver… ¿Qué problema tiene….?- Murmuraba mientras me encandilaba con el potente reflector articulado, al mismo tiempo que con su gran pulgar me hacía presión en el mentón para abrirme la boca que yo con terquedad mantenía herméticamente cerrada...
¿Cómo podía explicarle nada con la boca completamente abierta…?
Comencé a balbucear mi último intento desesperado por zafar de esa situación…
-Holo quiegoo una impiezaa de harro, on la pipa… he manshan os ientes…nara maj…holo eho neesito...-
El no me escuchaba, estaba haciendo sus propias investigaciones en mi dentadura.
Con un largo punzón en una mano y una varilla con un espejito en la punta en la otra, seguramente buscaba el mejor punto para infligir dolor.
Muela por muela empezó a escarbar y a darme pequeños golpecitos con el punzón, mientras me iba preguntando con una diabólica sonrisa…. ¿Duele...?
Ya sabía lo inevitable…poco a poco se fue acercando a la que dolía.
Cuando llegó a ella me preguntó, con una siniestra sonrisa en sus labios …
- ¿Y esta no le duele…? - Y le dió el consabido golpecito quizá un poco mas fuerte que a las otras…era un sádico especialista, su sonrisa se agrandó mas todavía cuando pegué el grito desgarrador que un valiente suelta cuando su sufrimiento se torna insoportable.
-Esta muela tiene infección, tiene una gingivitis muy avanzada…-
Y pontificó… -!Hay que extraerla… ¿La sacamos….?-
Decir si…significaba entregarse a los oscuros designios de las fuerzas del mal encarnadas en este monje negro en bata blanca, pero había una remota posibilidad de salir caminando de ese antro sin la muela…sólo con las marcas indelebles de la tortura recibida.
Decir no…era seguir sufriendo los horrores del mate caliente, tan frescos en mi memoria y tener la convicción de que tarde o temprano tendría que volver a caer en ese antro.
Dije….”Si”. Recordé de pronto el último ´´Si´´ que le había dicho en mi vida a un hombre, aquel llevaba sotana negra pero aspecto de Santo, este vestía bata blanca pero tenía el aspecto de un monje negro de la Inquisición.
Sin decir palabra, levantó la camilla hasta una altura cómoda para el, se dió vuelta y sacó de una gaveta una ampolla a la que ante mi aterrada vista le rompió el pico y con una jeringa hipodérmica a cuyo pico le adosó una larguísima aguja, succionó su contenido.
Luego me rodeó el cuello con una especie de babero y me dijo…
¡Abra la boca...respire hondo…solo va a sentir un pequeño pinchazo...!-
Y con la decisión que tiene el que sabe que va a disfrutar de su crueldad, apuntó con la jeringa y su mortal aguja hacia mi boca, desmesuradamente abierta por la presión que ejercía con su enorme dedo pulgar sobre mi mentón.
Con certera puntería la aguja penetró en mi encía, transpasándola de lado a lado y sintiendo como un líquido caliente me abrasaba la carne hasta dejarla insensible ya a mas dolor.
Repitió esta operación por tres veces, clavando la aguja en distinto ángulo, a la tercera me resistí y valientemente cerré mi boca venciendo la fuerza de su pulgar sujetándole al mismo tiempo el brazo para impedirle que siguiera con aquella tortura…
El gritó con furia…- !Abra la boca….! ¡Suélteme el brazo…!-
¿Dónde había escuchado esas palabras antes…?
Era muy fuerte y consiguió darme los tres pinchazos…después de eso el se tranquilizó y a mi me invadió una dulce sensación de abandono ….
A los tres minutos podían darme un puñetazo en la cara, que yo lo iba a sentir como una caricia y era el momento que el monje negro de bata blanca estaba esperando…
De la nariz para abajo tenía todo dormido, no sentía nada…tuve que tocarme los labios para saber que todavía estaban allí, pero mi atención estaba totalmente concentrada en las manipulaciones que el estaba haciendo con las herramientas de tortura que estaban en la mesita y mi resistencia se quebró por completo cuando ví el instrumento que el había elegido para ejercer su sadismo conmigo…
Tenía en su mano la gran pinza con las puntas enfrentadas con forma de diente de tiburón.
Rápidamente acercó su cabeza a la mía… podía sentir su respiración jadeante y su fétido aliento a azufre, yo ya era su presa y no me podía escapar…
En un primer tanteo, creo que para no sacar la muela equivocada, fué probando la mejor posición para sujetarla con la terrible pinza.
Cuando se aseguró que era la muela correcta y estaba bien sujeta por las puntas de la pinza, me volvió a decir…
-!Ahora respire bien hondo…! Va a salir enseguida...-
Y empezó un tironeo infernal a un lado y a otro…mi cabeza era un títere manejado por unas pinzas en manos de un Neandertal y mi muela era un monolito de piedra clavado en Stonehengue que se resistía a ser sacada de su enclave ancestral…
Mis manos estaban agarrotadas apretando los apoya brazos del sillón para mantenerme fijo, pues la fuerza empleada por el salvaje era tanta que me zamarreaba de un lado a otro.
En un momento dado se detuvo en su intento, retiró la pinza de mi boca y se me quedó mirando como un gladiador romano con su espada en la mano miraría a un cristiano vencido, tirado en la arena del circo protegiéndose con su red…
Gruesas gotas de sudor caían por su rostro…se tomó un minuto de descanso, al cabo del cual, sentándose casi a horcajadas sobre mi lo escuché decir por lo bajo .. -!A mi no me vas a ganar…!-
Volvió a atrapar la muela con la pinza y en un forcejeo supremo en el que la voluntad se derrumba y las últimas defensas caen a pedazos…se escuchó un… !!CRrrACK….!!
El tétrico ruido retumbó como un cañonazo en mi cabeza y me hizo acordarme al instante de las actividades vergonzantes de su madre y de todas sus partes pudendas…
¡La partió….! ¡El Neandertahl había quebrado mi muela…! y con una estúpida sonrisa de triunfo en su rostro me la estaba mostrando delante de mis ojos, todavía sostenida por la pinza.
Era una enorme muela sanguinolenta…todavía con restos de encía pegados a ella, con una de sus tres raíces quebrada, la que seguramente seguiría clavada en el maxilar…
La sangre que inundaba mi cavidad bucal se filtraba por las comisuras de mis labios, la bacinilla que había a mi izquierda quedó totalmente roja al escupirla…con mi voluntad totalmente entregada, mansamente me hice unos buches con agua para limpiarla.
Me estaba esperando…luego del enjuague volvió al ataque, me dijo:
- ¡Ahora vamos a extraer el resto y terminamos…-
El resto…el resto fué una raíz con forma de cuerno de rinoceromte, que cuando finalmente pudo sacármela me pareció que junto a ella arrastraba restos de tabique nasal y hasta el nervio óptico pensé que salía enganchado a ella…
Cuando todo terminó y mi alma fue retornando lentamente al cuerpo, ya incorporado y … –-nobleza obliga— estrechándole la mano al doctor por el trabajo realizado, no pude contenerme y le pregunté…
-Dígame doctor…-
-¿Usted no tenía un paciente en este consultorio antes que a mi…?-
- Porque no lo vi salir… y yo estaba frente a la puerta…-
-Ah…si ,si, …- contestó… -!Ese paciente…!-
- Uno de estos días voy a tener que ponerle una cerradura a esta ventana…-
Miré la gran ventana por donde entraba la luz del sol.
- ¡ No se que le pasó…ya tenía la muela casi sacada...!-
-¡Y en un descuido, de un salto se me escapó por ahí.!
FIN
Subido por victor hugo
| Comentarios - Escribí tu comentario |
12/10/08 | 11:23: mabel dice:
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Hermoso cuento, me ha dolido y divertido a la vez.
Me gustò
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