DOMINGO |
Muy bueno
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DOMINGO
CAVALLERO Susana
Me mira a mí o la mira a aquella morochita que está en la mesa de atrás. Espero que sea para mí la mirada. Tiene unos ojos grises impresionantes, y qué boca, y qué nariz, la ropa es de marca, parece de dinero, ahí se da vuelta. Cruzo las piernas y le muestro un poco los muslos, así con el sol iluminando las rodillas y la sombra de las hojas del árbol estampadas, lucen doradas y perfectas. Clavo la mirada en los autos que pasan, no le doy el gusto de pensar que lo estoy buscando, pero no dejo de vigilar todos sus movimientos, qué macana, ya me tomé tres cafés y no voy a pedir un cuarto, tendría que comer algo, ya tengo hambre, pero voy a parecer muy ordinaria tironeando de un tostado de jamón y queso, a ver si justo en ese momento que tengo la boca llena de migas este buen señor se decide a hablarme. Me parece que mira a todas las que pasan, si le sonrío va a creer que soy una loca, si no lo miro va a dejar de interesarse y si me levanto de la silla quizá lo pierda para siempre. ¡Ay! Que se decida de una vez. Total, yo soy libre y hago lo que quiero, no tengo que rendir cuentas a nadie de mi comportamiento. Por suerte no tengo marido, no como el malhumorado de Mirta ¡pobre! qué está tan gorda que la ropa que usa parece tres talles más chica y se pasa la vida haciendo dietas que no le dan resultado. Claro, está tan fea que dicen que el marido tiene una amante joven, o como Graciela, con sus pesadas tardes de domingo, con la suegra y las horribles cuñadas, comiendo el infaltable asado, compitiendo a ver quién tiene los hijos más habilidosos, responsables y estudiosos, sin olvidar la frustración que siente cada semana al darse cuenta de que nunca logrará superar el sabor de la tarta de frutillas que cocina la suegra. Yo en cambio no tengo que pasar por toda esas situaciones desgastantes. Soy feliz, tengo el trabajo que deseaba, programo mis viajes, al mar, la sierra, la montaña, a Europa, en cualquier época del año, puedo pagarlos, mantengo un físico envidiable para la edad que tengo, numerosos amigos me invitan a fiestas, mi departamento siempre está impecable, no hay niños mal educados y ruidosos que demanden atención, mi vida está libre de obligaciones escolares y compras compulsivas en los supermercados. Compro productos selectos y escasos en grasas, elijo vestidos maravillosos de diseñadores conocidos y manejo mi propio auto sin tener que rogarle a algún marido egoísta que me lo preste, como le pasa a Nora, esa hermana tan sosa y doméstica que para comprar una papa le pide permiso a Ignacio. No, definitivamente no podría vivir de esa manera.
Me sonríe, sí, es a mí a quien que sonríe, le asesto esa mirada especial de indiferencia felina que he aprendido y siempre da resultado. Conquisté hombres soberbios con esa mirada de si quiero... no quiero...
Aunque los hombres son tan primitivos, que no saben mantener una relación adulta, empiezan con demandas o celos y quieren cambiar mi forma de vida y al poco tiempo todo se termina. Y bueno, ellos se lo pierden. Mi independencia es primordial.
Hola, me dice el dueño de los ojos acero inoxidable, se levanta de la silla y se acerca, hola le digo con voz ronca, te puedo invitar con un café. ¡No!. Otro café, no. Me va a provocar una ulcera. Sí, gracias, te podes sentar. ¡Mmm! Sabe de todo, música, espectáculos, deportes, negocios. Soy abogado de una corporación (la nombra) muy importante. Se interesa por mis cosas cuando le digo que soy arquitecta pone cara de ¡Qué fabuloso! Enseguida pregunta sobre cuestiones técnicas, como materiales y presupuestos. Los ojos grises se achican calculadoramente cuando nombro cifras de costos. Esto no va como esperaba, cambia de tema, a mi mujer, digo mi ex mujer sólo le interesa el dinero, es una máquina de pedir, justo ella que no es capaz de dar nada afectivamente, defectos, es una bruja, ¡Por favor! Sigue enganchado con ella. Y están los hijos que no se los deja ver, que están raros. Es domingo, un sol maravilloso, es primavera, y yo estoy charlando con un ex marido lleno de problemas sin resolver. No me puede pasar esto. ¿Cómo escapo? Tampoco puedo aparecer en la casa de Nora, se van a dar cuenta que el almuerzo impostergable que dije tener era una mentira. Mamá me va a lanzar esa mirada mezcla de fastidio y pena, Nora, secretamente, va a sentir que la vida es justa y mi cuñado, con sonrisa sobradora, tratará de presentarme algún cliente de su empresa, aburrido y pelado. Seguro. Y mis sobrinos, malditos ellos,
rebosantes de juventud y con esa franqueza que los caracteriza, capaz que me tiran a la cara mi soltería. Puedo ir al cine, pero es una pena encerrarse con el día tan lindo, doy una vuelta por el estudio y termino los planos de los Bermúdez. ¡Ay! Qué locura, estoy terminada si trabajo un domingo... mejor paseo por la costanera. No puedo llamar a Marcela porque está en un casamiento. Los ojos divinos me miran, que dijo, no lo escuché, que opinás. Que voy a opinar si no sé que preguntó. Bueno, me voy, le digo, tengo un compromiso. Adiós, nos llamamos, te dejo el celular, sí, tomá el mío. Chau.
Me levanto de la silla, me cuelgo la cartera del hombro y camino airosamente la media cuadra hasta donde tengo el auto. Domingo de porquería. Odio los domingos. No hay nada para hacer. Para colmo de males, Marcela está en un casamiento, pero será posible que todavía la gente se case, ¡Qué barbaridad! Atarse para siempre. Yo ni loca, mi libertad primero, hago lo que quiero, tengo sexo cuando se me da la gana, no cuando lo desea un marido. Nada de arruinarse el cuerpo pariendo hijos, pañales, mocos, fiebres, horarios,!Uf! Aunque hubiera sido lindo, uno rubio con flequillo, y cuando dicen la primera palabra, mamá, que te digan mamá, sí, eso me gustaría, y un hombre que te haga mimos y se preocupe por una. Y una casa llena de ruidos, juguetes, un perro corriendo por el jardín. Compartir viajes, charlar, a la noche mirar juntos una película vieja por televisión, irse a la cama. Tener sexo en esa cama, despertar y que alguien te diga: Buen día, amor.
Pero qué estoy pensando. Yo soy libre, liibreee, hago lo que necesito, nadie me cuestiona nada, los hombres se dan vuelta en la calle para mirarme. Conservo un cuerpo de adolescente, no como algunas amigas que están deformadas y llenas de arrugas. ¡Que elegante ese vestido negro, mañana lo compro. Domingo de porquería...
Subido por Susana Cavallero
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