El Crucificado |
Malo
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Es tarde ya y me dirijo a mi habitación. Paso un momento por la cocina y tomo un poco de leche antes de ir a dormir, luego camino a oscuras por el pasillo con las manos extendidas palpando los objeto que no ven mis ojos, hasta que me detengo un momento en la sala y veo el portal navideño que con sus luces resplandece en la oscuridad. Contemplo como las figuritas de ovejas y pastores se colocan en la lana, luego están esos tres hombres famosos que nunca pueden faltar en cualquier portal, es decir los reyes magos con sus regalos, además en una especie de tarima se encuentran María y José, acompañados por otros dos animales que no estoy seguro que son, y por supuesto una cuna en espera del nacimiento divino.
Después de apreciar lo anterior veo una mesa circular que está justo en frente, en la cual aparece solitario un crucifijo con el crucificado semidesnudo y la insignia INRI sobre su cabeza. Ante esto, lo observo un rato mientras me enfoco en sus heridas, especialmente la corona de espinas crispa un poco mi piel, y cuando ya me dirigía a descansar vi como la figurita despegaba el brazo derecho de la cruz, por supuesto mi cama tuvo que esperar.
El Crucificado se sentó un momento a la orilla de la mesa mientras observaba el portal, en donde las otras figuras ante mis sorprendidos ojos empezaban a tomar vida, y así el pastor de nuevo guiaba a sus ovejas, los Reyes Magos caminaban lentamente hacia María y José, los cuales se estaban acariciando y besando en la elevación e intimidad de la tarima.
El Crucificado rió. Se quitó el pañal que lo cubría y desnudo bajó por una de las extremidades de la mesa, llegando a las orillas del portal un ovejero lo observó y se arrodilló en alabanza, entonces le ordenó que se quitara la ropa y se la diera a él, ya que como sabemos no puede ser posible que Jesús entrara desnudo al portal, imagínense tal obscenidad.
Yo mientras tanto me senté en el suelo consternado, ya que ante mis ojos se presenciaba una escena curiosa e interesante. El Crucificado tomó una oveja del ovejero y asiéndose rodear por 12 figuras, entró cabalgando el animal entre la muchedumbre mientras que la masa tonta lo abanicaba con ramos de lana que recogieron del suelo, luego el jinete logró colocarse en la cima de la tarima, se voltio hacia la gran masa de figuritas cual si un pastor hacia sus ovejas y les pidió silencio.
El portal estaba en silencio, exceptuando claro a María y José que en la parte de atrás en la tarima tuvieron al fin que saciar sus deseos, y tras bambalinas hacían el amor como dos pájaros que salen de sus jaulas vírgenes y se juntan en una escena estética. El Crucificado empezó a hablar. El discurso de poder cargado de retórica salvadora atestó el portal y la sala en general, en tanto las ovejas del rebaño llorando posaban sus manos al cielo ante las palabras del pastor, mientras este último entonaba consignas sobre un ser más allá del cielo raso de la casa, el cual se suponía inmortal, omnipotente y demás… claro a María y José nunca les importo dicho discurso, ya que ese par de pájaros libres no tenían la menor intención de meterse de nuevo en la jaula.
Terminó El Crucificado el acto y mientras todas las figuras oraban en silencio salió caminando tranquilamente. Se quitó el vestuario que no le pertenecía y salió desnudo del portal, luego se colocó ante mis ojos el pañal, subió de nuevo por la pata de la mesa circular y se sentó en la orilla de la misma, empezó a reírse de manera burlesca ante el espectáculo de todas las figuritas queriendo llegar más allá del tejado, luego se subió a la cruz.
Me fui a dormir aún sorprendido. Al día siguiente cuando me asomé al portal todo al parecer estaba en su lugar, El Crucificado en la mesa central, las ovejas con sus pastores, los Reyes Magos, sin embargo, en la poderosa tarima y ante mi sorpresa faltaban los padres del Crucificado.
L.A. http://venascr.blogspot.com/
Subido por luis
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