Encuentro |
Allí sentado en un viejo banco de madera, en la antigua estación de trenes, esa que se repite exactamente en dimensiones, formas y colores, en cada ciudad del interior yo leía, “estimado cliente” decía aquel folleto de propaganda, “`por esta semana únicamente”. ... Y entonces, percibí como una melodía que me obligó a levantar la cabeza y fue en ese instante que la vi pasar. Rauda como una estrella constelada, eran como las diez de la mañana de un enero abrasador, la piel húmeda resistía el calor duplicado por el asfalto de la playa y las vías, costaba respirar ese aire que quemaba y pesaba en cada exhalación.
A lo lejos, por sobre la altas copas de los árboles, las montañas con sus picos inmaculados por las nevadas se veían entre oscuras nubes de lluvia, imponentes y asombrosamente frágiles, como su figura, como su mirada.
Fue entonces que algo me paso en ese instante en que mis ojos se cruzaron con los suyos, una mágica sensación de sonidos de campanas una alegría casi sobrehumana, incontenible, incomprensible, me atravesó, humanizándome haciéndome sentir viento, tierra y un hombre con nuevas esperanzas.
Así, eufórico y absolutamente confundido y asustado, apure mis pasos, hubiera querido que mis piernas fueran alas y tener mil ojos para seguir su figura que con tanta gracia, entre las otras gentes se desplazaba, en estas condiciones la seguí como unas tres cuadras de repente desapareció de mi mirada, me apure tanto que prácticamente corrí para buscarla, llegue al lugar donde la vi por última vez y me detuve y como un loco mis ojos la buscaron, en realidad era como si todo mi cuerpo escudriñara cada figura cada esquina cada rincón de esa calle que estaba desolada, y así, desesperado me quedé unos momentos mientras mis sentidos se ordenaban, dentro mío, mi corazón en cada enloquecido latido de mi pecho se escapaba mi boca estaba seca y un gusto agridulce la inundaba, entonces, fui al café de la esquina busque y busque, en su barra entre sus sombrías mesas y no la encontré, algo se rompió dentro de mí, una devastación carnal creció desde mis entrañas. Mi razón me decía ¿qué me pasa?, si no la conozco, ¿por qué sentía que la vida se me escapaba?. Cuanta desazón tenía mi alma.
Que vínculo misterioso devastó en segundos mi vida alborotando mis ganas, llenando todo de luces y de sensaciones tan bellas tan extrañas, así, desconsolado di vueltas y vueltas recorriendo seis, siete o diez cuadras y nada. Su figura esbelta y llena de gracia ya no estaba pero en mí quedo grabada, y sentí como una lluvia en mi alma que de a poco de pena me inundaba,... me ahogaba.
Triste, cansado, sin norte como extraviado y sintiendo que algo me faltaba, intente un gesto para cambiar la cara pero mis golondrinas ya no estaban, hubiera querido ser viento para subir a la montaña, y como un águila esconderme allí a llorarla y cada día poder bajar al valle a buscarla pero no soy viento y no soy águila y solo puedo recordarla.
Ni una sola palabra, solo fue una simple mirada una tenue sonrisa y eso vasto para encenderme como un fuego, para herirme como una daga. Todo el aire las calles y las plazas se inundaron de su gracia, percibí su presencia pero ella ya no estaba. Hace años de esto, y sin embargo a veces cuando paso por la vieja estación algo me ocurre, y otra vez la recuerdo, y se encienden mis luces, y la busco de nuevo, y sufro la pérdida de la no encontrada.
Entonces, la supe mía, cósmicamente predestinada, fue lo que vi en su mirada y eso todavía me acompaña, y por eso aun hoy su ausencia y su misteriosa llegada desata inviernos en mi alma.
Hubiera querido ser viento para poder acariciarla y sentir su fragancia o ser sol para sentir su piel y su pelo, o ser aire para que su cuerpo me atravesara, o un sabio para comprender este encuentro que me hizo sentir como un niño con fiestas en el alma globos de colores golosinas y guirnaldas yo tuve esa mañana.
Este fue mi primer encuentro con el amor hecho de madera, fuerte como el acero cálido como un abrazo y eterno como la hierba que en cada primavera vuelve llena de ganas. Ese que también te mata o te restaura o te desbarata ese que te hace todo y también nada. Fin
Ricardo Reyes
San Juan
Argentina 2008
Subido por Antonio
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