TEMERDUVIA |
TEMERDUVIA
La ciudad de Temerduvia es como todas las ciudades del mundo. Engañosa. Parece una sola ciudad, pero en realidad son dos. Nadie las considera dos, sólo ven una.
Temerduvia la principal tiene su ciudad gemela más chica, y está situada en las afueras, respaldada por un alto muro. Es la mini-ciudad de los muertos.
A las dos ciudades las alumbra el sol y las moja la lluvía al mismo tiempo, claro que no produce el mismo efecto para una que para la otra, el municipio cobra los impuestos de igual manera en las dos ciudades. La poda de árboles se realiza los mismos días, las condiciones sociales se notan en las dos ciudades por igual al tener barrios de casas lindas con jardines floridos y barrios pobres con casitas modestas y desprolíjas. Cada tanto cuando las paredes de las casas se deterioran, sus dueños deciden pintarlas o realizan arreglos para mejorar su aspecto.
Las dos ciudades tienen sus calles bien señalizadas, la de los vivios con números y nombres célebres, las de los muertos son más intimas, los nombres de cada familia figuran en los frentes de sus propiedades, así los visitantes se orientan mejor y saben a quien quieren visitar.
La Temerduvia principal es una población básicamente rural, su economía depende del campo y todos sus habitantes se conocen, se encuentran en los clubes, van a las mismas escuelas, se ponen de novio con el muchacho o muchacha de aquí a la vuelta y todos saben los secretos de todos, cruzan el o pescan en el río cercano, estudian, se enamoran, trabajan, crían niños y visitan a veces la ciudad tras los muros. No se quedan mucho tiempo, ya que no hay entretenimientos y el silencio que se advierte pesa un poco en el ánimo de las personas.
Pero a ellos, los muertos, les gusta estar entre los vivos. De hecho, en cada casa están presentes, no importa cuantas veces se mude de casa o ciudad un vivo, sus muertos van con él. Son tranquilos, no molestan, no gastan dinero, no ocupan lugar, no hay que tener sillas o camas extras, no opinan ni critican actitudes, tampoco se meten en discusiones.
Cada integrante de cada familia tiene la compañía de sus propios muertos, y estos a veces ni se conocen entre sí, pero no se generan roces ni celos. Es una permanencia tranquila.
En algunas ocasiones los muertos no están, pero es raro que desaparezcan por mucho tiempo, cuando uno se descuida, están allí otra vez ocupando su espacio.
En Temerduvia no hay reglas ni horarios para trasladarse a la mini-ciudad, son muchos los medios de transporte que llevan hasta allí, también los motivos por los cuales los habitantes se mudan a ella. La mayoría de las veces es involuntario. No van. Los vienen a buscar. Los folletos turísticos prometen una buena vida de luz y felicidad, pero el programa no parece muy atractivo, y si se puede elegir, toman otras opciones. Tampoco se sabe las horas ni las fechas de los viajes, así es que la Terminal de micros puede estar atestada de viajantes o desierta, lo cual toma impredecible cualquier organización.
La costumbre de esta ciudad es realizar una reunión de despedida a los viajeros, son muy concurridas por los vecinos, se adornan los salones con luces y flores, pero no son divertidas. No hay música ni bailes.
En algunos casos, cuando llega un nuevo vivo hay un nuevo muerto. Es una reposición de individuos para que no se destruya el equilibrio. Un ser se va y otro llega.
Cuando cae la tarde en Temerduvia sus habitantes caen presos de cavilaciones interiores muy difíciles de desentrañar. La mayoría piensa en no tener que ir a la mini-ciudad, y eso que dicen que el que se va para allá “pasó a mejor vida” ¿Quién lo sabe?
Susana CAVALLERO
Subido por Susana Cavallero
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