JAQUE MATE |
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Eran los momentos previos a la batalla y acabábamos de alinearnos en nuestra tradicional formación de combate.
Desde la altura de mi caballo podía ver frente a nosotros el campo donde se iba a desarrollar la lucha y allá a lo lejos divisaba al ejército enemigo que estaba terminando de alistarse en una formación similar a la nuestra. Sus negros caballos y uniformes resaltaban sombríos iluminados por el débil sol que pendía sobre nuestras cabezas en notorio contraste con nuestros brillantes y blanquísimos atuendos y caballos de guerra.
Habíamos librado varias enconadas batallas contra este belicoso Rey negro en los últimos meses, su Reina impulsaba y lideraba estratégicamente a sus huestes de una manera inteligente, arrolladora y audaz en todas las batallas en que habíamos confrontado y nunca habíamos podido triunfar en ninguna…solo una vez, en que ambos ejércitos quedamos exhaustos y diezmados por tanta matanza, nuestro Rey y su rival negro estuvieron de mutuo acuerdo en dejar de luchar y retirarnos del campo de batalla sin definir quien había resultado vencedor. Había sido un empate, tablas lo llamaban algunos seglares, pero también fue nuestro mejor logro en una confrontación contra ellos.
Nuestro ejército había quedado desmoralizado. Éramos leales a nuestro Rey y respetábamos la valentía de nuestra Reina, pero nos dábamos cuenta que a la hora de tomar decisiones estratégicas audaces que llevaran a nuestras huestes a la victoria, por lo general equivocaba de táctica, o cometía errores de apreciación, dándole al enemigo la oportunidad de contraatacar nuestros puntos vulnerables y así, en unas pocas escaramuzas mas obtener un resonante triunfo, debiendo soportar las tropas la humillación del retiro del campo de nuestro Rey blanco caído, vencido una vez mas.
Pero esta vez las cosas iban a ser distintas. Los últimos meses, con nuestra querida Reina blanca al frente, tanto la infantería como la caballería nos habíamos estando adiestrando concienzudamente en novedosas y avanzadas tácticas de batalla traídas al castillo desde lejanas tierras por un sabio consejero del Rey, y al ir aumentando la motivación por los excelentes resultados que esas enseñanzas produjeron en el rendimiento y la moral de la tropa… todos, con el Rey y la Reina a la cabeza ardíamos en deseos de vengarnos en el campo de batalla de las derrotas sufridas a mano de nuestros negros y jactanciosos rivales.
Finalmente nos íbamos a encontrar en una nueva lid. Allí se vería si el intensivo aprendizaje adquirido por nuestras tropas seria tan eficaz como para derribar las defensas de nuestros rivales
o por lo menos sortearlas para llegar hasta las cercanías de los aposentos del Rey negro con alguna posibilidad de asediarlo, atacarlo y vencerlo.
El momento había llegado, los dos ejércitos frente a frente, de pronto nuestro Rey diò la orden… !A ellos…!
Una patrulla de exploración de peones de infantería avanzó resuelta por el medio del campo y se detuvo casi en la mitad, ganando la posición y quedando atenta para evaluar la reacción del rival.
Esta no se hizo esperar, el ala derecha de su caballería a su vez avanzó lentamente al trote en diagonal y se puso a corta distancia con intención de ataque.
Enseguida nuestra caballería saliò por su ala izquierda para defenderla, en otras ocasiones la habíamos dejado sin defensa perdiéndola irremisiblemente, pero ahora estábamos sobre aviso de los movimientos que nuestro rival podría ejecutar con sus tropas y teníamos un excelente plan estratégico para contrarestarlos y luego contraatacar.
A su vez el Rey negro diò una orden a su infantería y en el acto una de sus patrullas se enfrentó a la nuestra con el objetivo de impedirles el avance.
En ese momento nuestra Reina, dando muestras de haber asimilado las nuevas tácticas aprendidas, avanzó resueltamente ganando la posición detrás de nuestra patrulla y dejando la orden al ala derecha de la caballería de avanzar en cuanto el enemigo moviera su tropa por el otro sector del campo.
El Rey negro no se esperaba un ataque tan veloz y decidido, se sentía muy seguro y se debió haber reído para sus adentros por la tonta audacia de nuestras tropas, pero nos subestimó, para cuando se diò cuenta, el ala derecha de nuestra caballería, con el apoyo de un pelotón de alfiles arqueros estaba atacando las puertas de su castillo mientras nuestra reina se debatía con denuedo por el centro del campo apoyada por las patrullas de peones causando serias bajas a las defensas de la entrada al castillo.
En una última movida sumamente audaz, sacrificando caballos, peones y algún arquero, el más valiente caballero blanco con armadura, apoyado en su avance por arqueros, saltó la última defensa, se plantó de súbito a tiro de su lanza del Rey negro, a su vez acorralado y sin ninguna puerta por donde escaparse y le gritó enardecido y estentòreamente a la cara….
¡! REY NEGRO… TE DOY JAQUE MATE… !!!
Subido por victor hugo
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