La rueda en espiral |
Muy bueno
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Tal como venía desarrollándose desde hace años, la convención se inauguró con la presencia de casi todos los convocados. A pesar de las ausencias de la razón, que se encontraba ocupada en la construcción de estructuras de pensamientos tan complicadas como ella misma y la paciencia, que aún no había llegado y lógicamente nadie la esperaría, se procedió a la lectura del acta que abría la sesión. Con la intención de que no hubiera superposición de facultades, la palabra buscó reparo en la justicia para encontrar una solución definitiva al único tema propuesto para ese año. El sí, presente en la reunión y convencido de su trascendental importancia en los avances de la humanidad, había solicitado, al igual que en los años anteriores, la inmediata expulsión del no. Las innumerables pruebas que tenía en su poder ya habían sido presentadas tiempo atrás, pero la esmerada justicia, con razonamientos válidos y equilibrados, las había descartado una por una a medida que avanzaban los juicios a través de los años. Con esfuerzo sobrehumano el no defendía su falta de ánimo negando con firmeza que el sí buscara la superación de la especie y el bienestar general, sino que, por el contrario, con sus planteos de autodeterminación dejaba al descubierto una oscura intolerancia al disenso. Intentando por todos los medios posibles acercar insalvables posiciones, el amor había suplicado a la justicia su contemplación para no tomar en cuenta el arrogante pedido del sí. Sin embargo y en presencia de la mayoría de las palabras, tejiéndolas con su habitual convicción, el sí despejó el camino de las dudas afirmando que la persistencia del amor únicamente era posible a través suyo. En cambio, acusaba al no de llevar implícita en su naturaleza la negación a todo el universo involucrando al amor y por consiguiente favorecía el nacimiento del odio. Animado por las ausencias tanto de la razón como de la paciencia y ante la inevitable inclinación del amor hacia aquellas palabras motivado acaso por su sentido de legítima supervivencia, la justicia condenó al no a quedar excluido de los términos aceptados por el idioma y su significado de vida se desvanecería hasta el olvido gracias al doloroso argumento de la precipitada sentencia.
El afán de victoria y la euforia contenida del sí durante tanto tiempo de represión a causa del no, se esparcieron por la inmensidad de ese planeta. Fue entonces que de su mano, el amor no tuvo barreras para ser aceptado y con el paso de los años su ferviente religiosidad iba fortaleciéndose en cada amanecer. Se encargó de pintar de verde las palabras, dibujar el vuelo de los pájaros que surcaban el celeste del cielo en infinitos laberintos y cuando las sílabas se convertían en voz, el aire vibraba al mismo ritmo que las emociones. El sí, contemplativo, vio surgir de sus manos una enorme gracia divina que le permitía satisfacer el hambre de deseos y el amor fue el primero en tener su bendición. Su eterna disposición al cambio lo volvía imprescindible.
De la misma manera en que el amor fue aceptado, comenzaron a ingresar, favorecidas por la falta de adecuadas fronteras, la ambición y la codicia, que desde hacía tiempo venían reclamándose entre las necesidades insatisfechas y los deseos de superación. Con la ausencia del no, los precarios límites y las desvencijadas defensas se derrumbaron ante el devastador paso del sí, que traía en su enérgico regimiento un rancio amor condenado al olvido por ser de fácil adquisición, junto a una deslumbrante envidia promovida por las más débiles autoestimas. De una manera estruendosa y convincente, la invasión más importante en territorio del no fue llevada a cabo en cuestión de horas por el violento despliegue de poder de las fuerzas del sí, abriéndose camino entre los desmantelados puestos de resistencia, distribuyendo afirmaciones en todos los sentidos e ignorando con derroches de seguridad el ingreso de la soberbia que paulatinamente iba desplazando al amor hasta las casi inexistentes fronteras del no. El odio, al ver el desenfrenado impartir de justicias e injusticias, decidió poner en práctica su estrategia de compensación y, tácitamente admitido por el sí, infiltró sus ideas entre los fieles seguidores. Infinidad de sublevaciones originadas en la envidia, alentadas por el odio y sostenidas por la codicia, causaron una revolución en las propias filas del sí. Muy lejos de edificar un entendimiento de partes, la guerra ya había criado y educado a sus hijos en medio de los innumerables ejércitos que se habían desprendido del propio sí, sembrando batallas de todos contra todos, intentando mantener el control del poder que para ese tiempo ya se había derramado en forma de lava hirviendo que brotaba con estallidos desde la misma tierra.
Según relatan los escritos de la época, se pudo saber que el no, ajeno al conflicto en que se hallaba sumergido el sí, fue rescatado por el ejército vencedor en un último intento de tomar el control. El supremo jefe del ejército sublevado y ahora único presidente del nuevo imperio le informó al sí que por razones de reorganización nacional, en el día de la fecha había sido reemplazado por el yes. El no, a pesar de haber recuperado su fundamental significado, lamentó apenado la cruel destitución del sí, tal vez temiendo una muerte inevitable.
Ricardo Cardone
Subido por Ricky
| Comentarios - Escribí tu comentario |
19/08/07 | 13:23: Cintia Lepere dice:
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¡Me gustó muchísimo tu cuento!
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10/08/07 | 05:13: Ricky dice:
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No, es solamente ese. No me sale escribir. Cuando no sale no sale.
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09/08/07 | 21:58: Susana dice:
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Muy bueno Ricardo, hay más?
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