EL PAYASO DE TRAPO |
"Desde la entreabierta puerta del baño podía verse el reloj que colgaba de la pared del pasillo, eran más o menos las siete y media, los minutos parecían transcurrir lentos, aletargados tal vez fruto de la agonía. La ventana de la sala de estar se golpeaba con fuerza contra el marco, empujada por el viento, debería haberla cerrado, pero ya era demasiado tarde, además su sonido se hacía cada vez más lejano, más sordo, más distorsionado, como si se fuese disolviendo poco a poco. El dolor ya casi había desaparecido por completo, a medida que la sangre brotaba de sus muñecas y se deslizaba a través de las palmas de sus manos hasta posarse en el frío suelo, iba entrando en una especie de sopor que la iba empujando lentamente a un sueño mucho más profundo, eterno. Recordaba vagamente el momento en el que se había cortado las venas, había sido después de una fuerte discusión con Héctor, él se había marchado jurando no volver nunca más; entonces ella había perdido los nervios, se había vuelto como loca, recordaba un fuerte dolor de cabeza, un súbito mareo, la cuchilla luchando por mantener el equilibrio entre sus temblorosos dedos, después ese escozor inicial de los cortes en sus muñecas, escupiéndole sangre a la cara, finalmente la paz, el sopor reponedor. Ya nada parecía importar, la sangre fluyendo de su cuerpo parecía llevarse todos los malos recuerdos que la habían atormentado durante los últimos meses, a lo largo de los cuales no había deseado otra cosa que dormir, descansar eternamente, y tras la discusión de aquella tarde había encontrado el momento justo y adecuado para hacerlo. Sin embargo no había sido aquella discusión la que la había llevado hasta ese punto, ni siquiera la ruptura con Héctor, sino el descubrimiento de algo peor, algo turbio, malo en esencia. Sentía que estaba a punto de perder el conocimiento, de desvanecerse por completo para sumergirse de lleno en aquel viaje sin retorno que había decidido iniciar, sabía que en pocos instantes toda su vida pasaría por delante de sus ojos, y eso era lo que más le aterraba, pues había pasajes en ella que eran demasiado oscuros, dolorosos, pasajes que ojalá no hubiera llegado a desvelar nunca jamás, que hubieran permanecido enterrados en el gran cementerio de su subconsciente. El reloj ya marcaba las ocho menos cuarto, y la ventana golpeaba con más fuerza y más intensidad el marco indicando que el viento soplaba con más ímpetu, quizás presagiaba su muerte, aquella muerte buscada que se demoraba ya demasiado en llevársela, o quizás era que la impaciencia por dejar de sufrir, convertía al tiempo en un lento y macabro enemigo que se reía de ella a través de las negras manecillas del reloj del pasillo. Giro la cabeza para no verlo más, no quería darle el lujo de poder observar su cara justo al morir, entonces sus ojos se clavaron en el lavabo, que estaba cubierto de sangre, pues era donde se había efectuado los cortes, también el espejo que había sobre él estaba salpicado de aquella misma sangre. La visión no era demasiado agradable, así que decidió entornar los párpados y dejarse ir lentamente. Sentía que pronto perdería el conocimiento, entonces todo iría bien."
(fragmento de la novela "EL PAYASO DE TRAPO")
Novela publicada íntegra en http://www.127.es/Lorea/index.php
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Un saludo a todos.
Subido por aivique
| Comentarios - Escribí tu comentario |
02/05/08 | 19:04: anamaria dice:
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Excelente descripción ,escenifica con precisión cada instante de su partida .Envuelve al lector en su dolor presente y en el pasado,haciéndolo sentir partícipe de su lenta agonía .
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