De viaje. |
Pasan sobre mi sin emoción los días y las noches. Sólo segmentos del tiempo
que se suceden apáticamente y nada importa si no estás aquí... Si no estoy allí.
Extraño la clarividencia caprichosa de tus ojos claros que me pierden como el mar
en olas de éxtasis, que me bañan al mirarte en lo profundo de tu ser, ese verde que no cambia pero se camufla, como si fueras niño, en esquivas miradas que no quieren que descubra que quisieran perderse también en los míos, de color café brillante, caliente y lujurioso.
Extraño la precisa y lineal descarga de tus pensamientos, expresados en la melodía sin igual de tus palabras, en el magnetismo de tu voz cuando susurras tu electricidad en mis oídos. Extraño la escasez de tus contadas carcajadas y tus comentarios afilados, inteligentes, ácidos sobre este mundo y sus erráticas circunstancias: los personajes que circulan a nuestro lado cada día, las situaciones familiares, laborales... de la vida. Extraño tu particular manera de ver y desglosar las cosas como un comentarista experto en desenmascarar lo que parece axiomático. Siempre tu circunspección se extiende un poco más allá de lo indudable y da muestras de tu brillante y genial astucia, como si conocieras todos los engranajes que hacen mover al universo.
Extraño tu piel lisa, casi asedada, casi inentendible en la cobertura de un hombre... y acariciarte y envolverte y envolverme en ella y recorrerla con mis labios y olerla...
Extraño tu tamaño a la medida de mi cuerpo, querer abarcarlo todo en un abrazo y no pudiendo, no tengo otro remedio que treparlo, tomar posesión en cada intento por cubrirlo todo con mis besos. Esa amplitud oceánica en tu espalda, la maciza y musculosa perfección de tu piernas, la redondez amada de tu panza que me pierde de ternura al abrazarla, tu elegante estatura que me encanta...
Extraño la diestra pericia de tus manos delicadamente largas que conocen cada nota musical en el arpegio de mi cuerpo, que a ojos cerrados ejecutan dulces melodías y
me cortan el aliento.
Extraño la memoria inteligente de tu lengua al recorrer certera cada poro de mi cuerpo, dibujando nombres y paisajes que ningún artista igualará jamás...
Todo en esta cama y mi destierro de tu lado sabe a insípido desvelo.
Mañana a esta hora, me lanzaré al camino de regreso, con el sol en la mirada pensando que ya me falta menos. En apenas unas horas, estaré de nuevo en casa, nuestro pequeño universo, para abrazarte como si hubiese pasado un milenio y lentamente, sin ninguna prisa y toda la urgencia, desquitaremos en el cuarto todo el tiempo...
Subido por Viviana Sanchez
| Comentarios - Escribí tu comentario |
26/02/08 | 07:34: norma ester montenegro dice:
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Muy bello Viviana, un viaje hacia el amor, sin prisa con la certidumbre del encuentro
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