Madre |
Puedo caminar por el jardín de tu ternura sin temores,
Sin angustias ni rencores,
En paz, en tu compañía.
Ya no siento que comparto con dolor
ni te aparto de otro amor
que la vida hizo cenizas.
Y no entendía tu visión
Equilibrada y aplomada de la vida
En que todo debe caminar hacia la paz
Sin discutir y sin pelear
Porque a todos nos llegará la muerte un día...
Tus manos, siempre tus manos en escena,
Las que extrañan, las que anhelan
Darle fin a la agonía singular de la partida
Simulando que espantan una mosca
Y secan rápido una lágrima esquiva.
Tus manos, siempre tus manos,
Que arrancan yuyos y palos,
Que emprolijan, van buscando
Una tarea que distraiga, esta ficción lenta y amarga
De un vacío alrededor...
Y entiendo todo tu dolor que a mi duele
Porque no se retener ese ayer que te llenaba...
Quisiera darte dos alas para que viajes un tiempo
Al país de los recuerdos y sin llanto te emborraches
De bellos momentos e instantes
Con quien fue tu compañero...
Tus manos, siempre tus manos
Y un puñado de pañuelos
Que se agitan hacia el cielo
Saludando, agradeciendo,
Porque aunque duele presiento que tu alma agradecida
Saluda a Dios por la vida que viviste con Humberto.
Subido por Viviana Sanchez
| Comentarios - Escribí tu comentario |
25/03/08 | 15:16: norma ester montenegro dice:
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Aveces entendemos tarde la visión que nuestra madre tenía de las cosas,pero el amor en la memoria pone el justo equilibrio y fluye el recuerdo sin herirnos.Un beso
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