Cosas de primavera |
Excelente
- 6 votos
Al frío desolado lo ha llevado el invierno
lejos hacia el silencio en su rotar eterno.
El sol agradecido prodiga a una azucena
sus rayos en la tarde sutilmente serena.
Veo a una golondrina volar con rumbo fijo
llevando entre su pico sustento para el hijo.
La brisa juguetea deshojando las flores
que esparcen en el aire fragancias y colores.
Una campana suelta sus voces convocadas
para unir las plegarias en novenas gastadas.
Tengo el deseo intenso de subir la colina
y rodar cuesta abajo como una chiquilina.
El sol a mis mejillas pone tintes rojizos
y asoman a mis ojos misteriosos hechizos.
Un soplo estremecido me desprende la blusa
por un momento quedo brevemente confusa.
En mis manos hay gemas que estallan perfumadas
al juntar los racimos de flores ignoradas.
El corazón me late, presuroso, lozano,
guarecido en el pecho se ha tornado liviano.
Y fluyen melodías que escapan de mi boca
piensen; es primavera, no crean que estoy loca.
Norma Ester Montenegro
Subido por norma ester montenegro
| Comentarios - Escribí tu comentario |
25/09/07 | 20:43: ergasto dice:
|
Hermoso poema, intento entonces decirle algo a tu primavera con este:
Contar una historia de Invierno y primavera, eso quiero:
Es un invierno desesperado pues el cincuentaydosmillonésimo copo de nieve ha empezado a derretirse (digamos que son 4 total es lo mismo), primera víctima quizá del primer día de primavera, que le marca una nueva muerte -sino la definitiva- (el lugar y la hora nadie lo sabe, ni siquiera los ángeles del cielo, solamente mi Padre).
Se consuela pensando en renacer cual águila anual. Así mientras comienza su desvanecer, sueña despierto (el dormir profundo demorará aún cierto tiempo). Prepara estertores de truenos ronroneantes y lágrimas de lluvia no tan frías, tal vez con ello logre engañar a la que llega.
Le dice que el suave riego le vendrá bién a su vestido coloreado. Hace más aún: pone a los árboles a silbar melodías que a lo profundo del bosque se hacen poesía. Todo parece tan poco, ella altiva, avanza y hay un copo menos y el tercero también empieza a desdibujarse.
Intenta entonces decirle que se ha enamorado, que sabe que de alguna manera ella también siente cosas, entre ello miedo, pues no está tan lejos el cruel verano que también la expulsa y hará caso omiso de similares súplicas, preocupado pues sabe que tras mi poncho marrón, después de caigan hojas, estaré yo otra vez.
Le propongo entonces juntar nuestras cuitas, un abrazo renovador que transforme mis copos a espuma y su multicolor pollera tenga por mí, azules puntillas; sus panaderos emisarios en colchón de brisa, mis hielos eternos con surcos de ríos.
Se entusiasma un poco pero no se anima, sus hijos pinpollos y algún temprano colibrí, alborotan reclamos y su destino de madre le quitan palabras. Sin saber que hacer, algo resignado, escucho su voz que ríe cantando:
Oye viento atroz, tú no me conquistas
escasas cosquillas es tu intento pícaro
de hacer que tu arena de risa a mis piernas.
Vendaval no dura más que un corto tiempo y en rocío pronto siento que amanezco.
Y tu lluvia tibia bienvenida sea
a la alfombra mágica de las madreselvas.
¿No ves esas aves que empollan sus hijos?
¿No ves esas ramas con brotes nuevillos?
¿No ves que tu muerte es de falsa pena
que helada tu alma pretende quimeras?
¿Que éste es mi sino preparar la sombra
para que el verano también se entretenga?
¿Que tu poncho tan solo prepara los restos
para tu destino de sepulturero?
¿Que Dios me ha elegido y yo sin tardanza
me aboco muy presta y resucitada?
Queda entonces pues en espera sabia
de ver como empiezo a ser esperanza.
Ergasto
|
|
|