El Viejo. |
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Siempre el viejo Pablo limpia la vereda
del puesto de diarios que está en el andén
barre los papeles, tira las botellas,
despega los chicles, antes de las seis.
Conoce los pasos, los rostros, las almas
de los transeúntes que esperan el tren.
Agarra su silla, se acomoda y mira
se ceba un amargo y busca un papel.
Agarra un grafito, cuando tiene ganas
y así, a mano alzada, decora el papel:
dibuja a la gente, las cosas que pasan,
algún perro echado, alguna mujer...
Cuenta las historias sin decir palabra
sólo con su arte el las deja ver,
entre mate y mate, define una imagen,
congela en sus trazos todo lo que ve.
El viejo es paciente (como los de antes)
guarda los momentos entre tren y tren.
Con los dedos negros por la carbonilla,
mueve la bombilla y sigue otra vez.
Muchos se detienen absortos, y miran,
paran su rutina sólo para ver.
El pasa las horas recreando la vida,
diariero y artista, bohemio de andén.
Subido por Viviana Sanchez
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