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Bueno
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EL ave de oro,
con su pico de cristal
bosqueja la caza
del rostro de la que soy
y de la cual no puedo fugarme.
Me incita con sus alas en desangre,
a salir del refugio
e ir al encuentro de su esplendor,
desamarrada
mi piel de las pasiones.
Acecha.
Se agazapa en las cornisas
de mis ojos y juega
a descifrar el acertijo de las lágrimas.
Lágrimas que jamás se desbordan,
que respetan la orilla,
que limitan,
que prefieren anegarse,
que jamás se animan a besar la playa.
Lágrimas que no cesan de libarme,
y es fallido mi intento de sobornarlas
con brasas de su propia hoguera.
De memoria conocen las máscaras
y dónde el cubil del lenguaje que destierra.
Aguardar en secreto,
hasta que mi silencio escriba
sobre un pentagrama de pájaros
las horas auténticas,
para dejarme ir (yo misma)
sin despedirme,
de la que soy en el espejo.
Es la mujer del espejo
-la inhabitada-
la que se niega a creer,
que hay momentos
que jamás regresan.
BEATRIZ TERESA BUSTOS
Subido por Beatriz Teresa Bustos
| Comentarios - Escribí tu comentario |
20/07/09 | 11:21: Miryam Colombotto de Seia dice:
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Beatriz, me parece muy bueno tu poema. En especial desde:"Acecha. hasta:..."y dónde el cubil del lenguaje que destierra". Hay en todo el poema palabras que son la llave para entender: "fugarme, refugio, ir al encuentro,desamarrada,acecha,se agazapa, descifrar el acertijo de las lágrimas..."
No te despidas del espejo, quiero leer más poesía tuya...
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