Nadie encendía las lámparas
Felisberto Hernández
Encontrarse con la literatura latinoamericana casi siempre promete la tentación de un abismo. Será porque no admite una lectura liviana; será porque esa lectura rompe constantemente las reglas de lo fantástico - qué tendría de fantástico aquello que esté sujeto a un reglamento-. Felisberto Hernández es aquél que no sólo desconoce ese reglamento inexistente sino que invierte el concepto tradicional del cuentista: lo fantástico ha escrito alguna vez un cuento sobre él.
Leer a Felisberto Hernández requiere comprometerse con lo desarticulado del propio pensamiento que únicamente se mantiene en pie con el hilo sensorial de cada historia. Cada habitación que se cierra, cada calle que se pierde en las palabras, aquella luz que cuelga de un farol en penumbras o el silencio de un pianista en un concierto multitudinario promueven a los sentidos a un plano distinto, tal vez más profundo, tal vez imperceptible. Cada cuento, son diez en total, se nutre del propio Felisberto y de sus cortes abruptos con el humor absurdo y la ruptura de lo tradicional de cada escenario por donde éste transcurre. Los hechos en su particular narrativa se presentan constantemente como sucesivos, se van superponiendo como capas unas tras otras para construir una historia sin retorno. Sus cuentos no transitan la circularidad tan característica de la literatura latinoamericana pero no por eso dejan de sorprender. Lo emocional sucede en el campo que envuelve a esa vertiginosa trama y se puede decir que si bien una historia lleva a la otra y ésta a su vez lleva a la otra sin camino de regreso, el móvil por el que cada historia se une con la siguiente obedece al más profundo sentido de trascender lo estipulado sin buscar un efecto demoledor en el lector, sino más bien sostener la ansiedad que ese movimiento abismal provoca en su lectura.
Felisberto Hernández juega constantemente con lo impredecible de la trama cargándola de elementos disímiles, dándole humor al relato ya sea a través del absurdo o de lo imprevisto y este matiz, aquel humor que se desprende con espontaneidad, es una constante en su narrativa. Varios de los cuentos llevarán a una relectura, a encontrar nuevas historias dentro de sus historias que vuelvan a recrear la trama original que este escritor uruguayo, antes pianista, urdió con fantástico esmero.
Hablar de Felisberto Hernández es hablar de uno de los escritores más referentes del siglo pasado. Juan Carlos Onetti decía que "nunca fue ni será escritor de mayorías". Ítalo Calvino, quien lo prologa en este libro, afirma que Felisberto Hernández "es un escritor que no se parece a ninguno: a ninguno de los europeos y a ninguno de los latinoamericanos, es un irregular que escapa a cualquier clasificación y encuadramiento pero se presenta a primera vista como inconfundible". Julio Cortázar decía de él "como todos nuestros grandes escritores, nos denuncia sin énfasis y a la vez nos alcanza una llave para abrir las puertas del futuro y salir al aire libre".
Nadie encendía las lámparas es un libro de cuentos que Felisberto Hernández, uruguayo nacido en Montevideo el 20 de octubre de 1902, publicó por primera vez en 1947 y que ahora gracias a la colección Perfiles de Editorial RM se puede volver a leer en una excelente encuadernación cosida de tapas duras que recuerda a los viejos y tradicionales volúmenes perdurables de las bibliotecas. Se puede conseguir en cualquiera de los locales de Librerías Cúspide.
Por Ricardo Cardone
10-12-2009 |