Este libro fue escrito a mediados del año 1954. En estilo directo, realista y tierno, con un ritmo sobrio y ajustado, Silvina Bullrich nos ofrece en este jugoso relato una imagen de la mujer moderna. Refleja, tras su tono un poco burlón, el estancamiento en que vivía la gente en la Argentina. Ninguna escritora se había atrevido en nuestro país a manejar la ficción con esa valentía, con esa profundidad, sin perder por un momento esa gracia sonriente tan peculiar en sus últimas obras.
Los libros de Silvina Bullrich en apariencia sólo psicológicos, son esencialmente costumbristas; y esa costumbre de ciertas mujeres argentinas de hablar por teléfono durante horas es totalmente ajena a las demás mujeres del mundo.
Al hablar de este libro, la autora dijo que habría que llamarlo no novela ni relato, sino "divertissement". Sin embargo, no sería justo olvidar que bajo el tono en apariencia frívolo y burlón, hay una sátira dolorosa de una sociedad cuya obligación primordial es luchar contra esa tendencia a la pereza femenina de la época de la colonia.
Teléfono ocupado se nos pega a las manos como una conversación indiscutiblemente interferida. Pesadilla, realidad y evocación entremezclan sus sabores peculiares en una técnica ágil, cinematográfica.
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Silvina Bullrich nació en Buenos Aires, el 4 de octubre de 1915. Fue novelista, cuentista, ensayista, traductora y periodista.
Se crió en un ambiente culto y de frecuentes viajes a París, tuvo acceso a la biblioteca de su padre y gozó del estímulo de una familia de intelectuales.
Comenzó a escribir en su adolescencia y logró publicar algunos de sus poemas en la revista Atlántida.
Entabló una gran amistad con Manuel Mujica Láinez, quien tiempo después la puso en contacto con Borges, Bioy Casares y los grandes de la generación anterior.
Durante años encabezó la lista de best sellers (Los burgueses vendió 60.000 ejemplares). Sus libros fueron traducidos a varios idiomas.
Como traductora tradujo libros de Graham Greene, Simone de Beauvoir, Béatrix Beck y Louis Jouvet entre otros.
En 1961 obtuvo el primer Premio Municipal por Un momento muy largo y El hechicero; en 1972, el segundo Premio Nacional a la prosa imaginativa del trienio 1969-1971.
En 1945 trabajó junto a Jorge Luis Borges en una selección de textos que se llamó El compadrito.
Los críticos han dividido su narrativa en dos vertientes: la feminista y la sociopolítica.
Falleció en Suiza en 1990.