Desde la pequeña aldea rusa de Proskurov, una familia de judíos asiste a los cambios brutales de los comienzos de este siglo, se involucra en la revolución de 1917 hasta la caída en desgracia de los bolcheviques y llega a una Argentina próspera y conflictiva.
Iluminada por los recuerdos de la experiencia en Europa, la aventura de estos inmigrantes atraviesa la década infame, el apogeo y la proscripción del peronismo, el fervor revolucionario de los años 60 en todo el mundo, el retorno de Perón y el convulsionado gobierno de su viuda.
El verdugo en el umbral es una mirada implacable sobre el siglo que agoniza y la conmovedora historia de un puñado de hombres y mujeres que han vivido este tiempo como protagonistas anónimos.
Andrés Rivera logra este cruce de pasiones individuales y emprendimientos colectivos a través de las voces múltiples de la lucha, la derrota, el desengaño y la esperanza.
Calificación:
Excelente
- 1 voto -
Ingresá tu voto
Comentarios de nuestros lectores -
Escribí tu comentario
Aún no han escrito ningún comentario.
Escribí el tuyo
Andrés Rivera nació en Buenos Aires en 1928. Hijo de inmigrantes, fue, sucesivamente, obrero textil, periodista y escritor. Prefiere escribir por las mañanas, a mano, en cuadernos y con alguna lapicera de buen trazo. Cuando escribe sigue algunos consejos de Hemingway: releer y corregir una y otra vez los manuscritos. En varias oportunidades ha dicho que para él existen dos tipos de escritores: los que quieren ser escritores y los que quieren escribir.
Marcos Ribak (éste es su verdadero nombre) comenzó a escribir a finales de los años cincuenta. Esos años componen un primer momento en la obra de Rivera. Esta primera etapa comprende los siguientes títulos: El precio (1957), Los que no mueren (1959), Sol de sábado (1962) y Cita (1965), enmarcados dentro de su compromiso militante en el Partido Comunista. (Rivera se afilió en 1945 y fue expulsado del partido en 1964.
En 1972, se publica Ajustes de cuentas, una colección de cuentos con el estilo de la novela negra de Chandler o Hammett, dos escritores admirados por Rivera. Luego de esa publicación, Rivera se sumergió en el silencio durante diez años. Hoy en día, reconoce que estos años le sirvieron para acercarse a grandes autores que no leía por prejuicios.
Con Una lectura de la historia (1982), Rivera inaugura así su segunda vuelta. En este segundo momento encontramos una literatura sin didactismos; con un lenguaje renovador, lacónico pero potente, donde lo dicho es tan importante como lo no-dicho.
En algunas de sus obras, la historia actúa como escenario, como fondo. Este es el caso de la colección de cuentos titulada Mitteleuropa (1993) donde hombres sin nombres luchan, vacilan, sueñan, desean y actúan en un marco de luchas de poder, de guerras y exilios.
La hegemonía de Rivera fue reconocida con singulares premios: en 1985, obtuvo el Segundo Premio Municipal de Novela con En esta dulce tierra; en 1992 (un año antes había publicado El amigo de Baudelaire), recibió el Premio Nacional de Literatura por su novela La revolución es un sueño eterno; en 1993, la Fundación El Libro distinguió La sierva como el mejor libro publicado en 1992, y El verdugo en el umbral obtuvo el Premio Club de los XIII 1995.
El Farmer (1996) volvió a colocar a Rivera entre los autores más reconocidos por el público y la crítica. Luego, en 1997, llegaría Nada que perder, y un año más tarde el volumen de cuentos La lenta velocidad del coraje.
Sus últimas obras, El profundo sur, Tierra de exilio y Hay que matar no sólo ratificarían las condiciones de Andrés Rivera, sino que lo llevarían a ocupar, nuevamente, la cima de los best sellers.
Actualmente, vive en Bella Vista, Córdoba, junto a su fiel compañera Susana Fiorito. Todos los viernes coordina un ciclo de cine-debate, donde participan los vecinos del barrio, en la Biblioteca Popular de esa ciudad.