Severino Di Giovanni, el idealista de la violencia
1970 - Ensayo
Osvaldo Bayer
Severino Di Giovanni era, en Argentina, algo más que un luchador anarquista. Representaba la rebeldía antifascista de las primeras décadas del siglo y también el enfrentamiento con las posiciones tibias y moderadas de muchos de sus camaradas que no coincidían con sus métodos y talante. Para Di Giovanni, representante máximo de los llamados anarquistas expropiadores, la dinamita era un elemento vindicador y la mejor de las medicinas para terminar con la barbarie que pretendían implantar los partidarios del Fascismo. Sin embargo, supo combinar la acción directa con la formación política a ultranza, como era norma en la época. Su enloquecido amor por la adolescente América Scarfó, hizo aflorar también su lado más romántico que contrastaba con la imagen sanguinaria que se empeñaban en dar de él sus enemigos y la prensa ligada al poder. Vivió y murió sin ceder en sus principios y su nombre es clave para discutir un tema tan actual como polémico: el de la violencia revolucionaria.
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19/12/10 | 06:47: Enrique Malato dice:
Vamos a ver si leemos antes de criticar. Bayer es un historiador, y su trabajo es investigar para poner a la luz hechos que forman parte de la sociedad, que deben ser integrados en su cultura porque son su esencia. En ningún momento justifica la violencia, de hecho este libro es un alegato contra el terrorismo, tanto de individuos aislados como del Estado, principal artífice de la matanza de inocentes. Así es como se puede apreciar que Bayer rechaza la violencia: "El problema era la violencia en sí. Una vez que se ha optado por ella no se sabe jamás si pueden hacer acciones limpias o sucias. Por supuesto que hay diferencias. No es lo mismo ir a matar a un verdugo a su guarida que arrojar una bomba indiscriminadamente en un mercado o en un café o en una estación de ferrocarril atestada de público. ¿Pero acaso el consulado fascista era un lugar inocente? Allí precisamente no iban las víctimas del fascismo. Hasta era más claro el atentado al consulado que el efectuado contra los bancos donde, si bien se calculó la hora en que estarían vacíos, había más probabilidades de que cayeran inocentes, tal como ocurrió" (p. 65).
Basta ya de justificar los crímenes de Estado y de sus súbditos opresores, las fuerzas del orden, la banca y el clero, afanándonos en los errores de individuos que, en definitiva, lucharon por un mundo mejor para todos. Gracias Bayer, gracias para siempre Severino...
Independientemente del "oficio" que revela Bayer para escribir, es lamentable que por un lado se haya expresado como "un eterno pacifista" y por otro sea un difusor de conductas criminales. Patético y lamentable. Patología pura ¿no les parece?
Osvaldo Bayer, un anarquista y pacifista a ultranza como él se autodenomina. Nació en la provincia argentina de Santa Fe en 1927. De 1952 a 1956 estudió Historia en la Universidad de Hamburgo (Alemania), y de regreso a la Argentina, se dedicó al periodismo, la investigación de la historia argentina, y a escribir guiones cinematográficos. Trabajó en los diarios Noticias Gráficas, en el Esquel de la Patagonia, y en Clarín, en donde también se desempeñó como secretario de redacción.
En 1958 fundó "La Chispa", al que él mismo denominó como "el primer periódico independiente de la Patagonia".
Un año después fue acusado de difundir información estratégica en un punto fronterizo, y es obligado a punta de pistola, a abandonar Esquel. Luego, de 1959 a 1962, fue secretario general del Sindicato de Prensa.
Durante la dictadura fue perseguido por sus obras, principalmente por su libro "La Patagonia rebelde", que motivó su exilio en Berlín desde 1975 hasta 1983.
Entre sus ensayos más importantes están "Los anarquistas expropiadores y otros ensayos", "Fútbol argentino", "Rebeldía y esperanza", "Severino Di Giovanni, el idealista de la violencia" y la novela "Rainer y Minou".
El 20 abril de 2003 la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires, le otorga el grado de Doctor Honoris Causa por su trayectoria en el campo de los derechos humanos, la literatura y el periodismo.
El 7 de julio de 2004 es declarado Huésped de Honor por la Universidad Nacional del Litoral. Actualmente, sigue siendo un referente en la lucha por la reivindicación de los Pueblos Originarios argentinos, y el desenmascaramiento de figuras históricas consideradas por él como genocidas. Un ejemplo de esta lucha puede ser en 1963, cuando dio una charla en la biblioteca popular de Rauch, pueblo de la provincia de Buenos Aires que lleva su nombre en honor a Federico Rauch. En aquella ocasión, sugirió a los pobladores que se creara una especie de plebiscito, para cambiar el nombre del genocida Rauch, por Arbolito (el apodo del supuesto ranquel que le dio muerte al coronel prusiano). La propuesta no tuvo aceptación, y al volver a Buenos Aires, valiéndose del estado de sitio declarado en ese momento, fue arrestado por el general Juan Enrique Rauch, ministro del interior de la dictadura, y biznieto de Federico Rauch. Por este motivo lo encarcelaron en la cárcel de mujeres de Riobamba a modo de castigo denigrante por 63 días.