Ángel y títere: entonces
hay un espectáculo por fin,
Entonces se reconcilia lo que incesantemente desunimos, en tanto que existimos aquí. Entonces surge de nuestras estaciones solamente el ciclo de la transformación total. Por encima de nosotros actúa entonces el ángel. Mira, los moribundos, ¿no debían de sospechar que todo lo que hacemos está lleno de pretextos? Ninguna cosa es en sí misma. ¡Oh, horas de la infancia, cuando tras las figuras había más que el mero pasado, y no el porvenir ante nosotros! Por cierto, crecíamos y a veces nos apresurábamos a ser pronto mayores, en parte por amor a los que no tenía otra cosa que su mayor estatura. Y, a pesar de todo, en nuestro andar de solitarios, nos placía lo durable, y seguíamos allí, erguidos, en lo intervalos de espacio entre mundo y juguete, en un lugar que desde los comienzos fuera fundado para un puro acontecer.
¿Quién puede mostrarnos a un niño tal cual es?
¿Quién lo subirá a las estrellas y le pondrá en sus manos la medida de la distancia? ¿Quién elabora la muerte del niño con ese pan oscuro que se endurece, o la deja dentro de su boca redonda, tal como el corazón de una bella manzana?... Los asesinos son fáciles de presentir. Pero esto: albergar la muerte, toda la muerte, aun antes de la vida, tan dulcemente y sin enfado eso es indescriptible.
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22/09/10 | 18:05: eve pèña dice:
La poesía de Rilke tiene una melódica consonancia entre la evaluación adulta de sus recuerdos infantiles y las profundas reflexiones de su vida real.Es tan actual todo lo que reflejan sus escritos que por eso es un poeta intemporal.t
Rilke nació en Praga, una de las ciudades más grandes y espléndidas de la Repúbila Checa. Al igual que Kafka, optó más tarde por la lengua alemana para su expresión literaria.
Su infancia fue difícil y traumática ya que su madre, obsesionada por la muerte prematura de su primera hija, lo obligó a vestirse de niña hasta los cinco años. Los estudios iniciales los cursó en uno de los mejores colegios del lugar y más tarde ingresó en una academia militar, obligado por su padre. Pero no pudo torcer el que debía ser su destino, así que la abandonó al poco tiempo para estudiar letras, filosofía y artes en las universidades de Praga, Munich y Berlín. En esa época escribe sus primeros libros de poesía. En 1899 viaja a Rusia, viaje que le inspira uno de sus más trabajosos -tardó más de diez años en terminarlo- y conocidos trabajos poéticos: Elegías de Duino. En este libro puede advertirse cierta inclinación de Rilke hacia el espiritismo, practicado por la princesa a quién está dedicado y por su círculo más próximo. Se dice que tenía ciertas experiencias visionarias que no dejaban de asombrarle. Consideraba -al modo platónico- que el poeta era un recipiente de voces más altas, de las que no excluía a la de Dios. Por otra parte, y curiosamente, a partir de una larga relación con una discípula de Freud, tuvo también un temprano conocimiento del psicoanálisis. La leyenda de amor y muerte del alférez Christoph Rilke y Cuadernos de Malte Laurids Brigge atrajeron por fin la atención de la crítica, especialmente en Francia, donde Rilke había vivido y trabado amistad con Auguste Rodin y André Gide. Participó brevemente en la Primera Guerra Mundial y luego viajó por varios países mediterráneos -España entre ellos- para establecerse finalmente en Suiza. Allí publica Sonetos a Orfeo, para muchos ensayistas, la culminación de las elegías. Allí también murió Rilke, a los 51 años, tras padecer leucemia por largo tiempo.
El gran poeta checo -y universal- de habla germana escogió él mismo su epitafio, su último gran gesto poético: Rosa, oh contradicción pura, placer,
ser el sueño de nadie bajo tantos
párpados.
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