En el parque confuso
Que con lánguidas brisas el cielo sahúma,
El ciprés, como un huso,
Devana un ovillo de de bruma.
El telar de la luna tiende en plata su urdimbre;
Abandona la rada un lúgubre corsario,
Y después suena un timbre
En el vecindario.
Sobre el horizonte malva
De una mar argentina,
En curva de frente calva
La luna se inclina,
O bien un vago nácar disemina
Como la valva
De una madreperla a flor del agua marina.
Un brillo de lóbrego frasco
Adquiere cada ola,
Y la noche cual enorme peñasco
Va quedándose inmensamente sola.
Forma el tic-tac de un reloj accesorio,
La tela de la vida, cual siniestro pespunte.
Flota en la noche de blancor mortuorio
Una benzoica insispidez de sanatorio,
Y cada transeúnte
Parece una silueta del Purgatorio.
Con emoción prosaica,
Suena lejos, en canto de lúgubre alarde,
Una voz de hombre desgraciado, en que arde
El calor negro del rom de Jamaica.
Y reina en el espíritu con subconsciencie arcaica,
El miedo de lo demasiado tarde.
Tras del horizonte abstracto,
Húndese al fin la luna con lúgubre abandono,
Y las tinieblas palpan como el tacto
De un helado y sombrío mono.
Sobre las lunares huellas,
A un azar de eternidad y desdicha,
Orión juega su ficha
En problemático dominó de estrellas.
El frescor nocturno
Triunfa de tu amoroso empeño,
Y domina tu frente con peso taciturno
El negro racimo del sueño.
En el fugaz desvarío
Con que te embargan soñadas visiones,
Vacilan las constelaciones;
Y en tu sueño formado de aroma y de estío,
Flota un antiguo cansancio
De Bizancio...
Languideciendo en la íntima baranda,
Sin ilusión alguna
Contestas a mi trémula demanda.
Al mismo tiempo que la luna,
Una gran perla se apaga en tu meñique;
Disipa la brisa retardados sonrojos;
Y el cielo como una barca que se va a pique,
Definitivamente naufraga en tus ojos.
Qué puedo decir sobre la excelencia de Lugones ?
Que me emociona, que me electriza,que profundiza mi femeneidad ."...con lánguidas brisas, el cielo sahúma, el ciprés, como un huso, devana un ovillo de bruma..." Imposible desde ésto viajar por las rutas sin que se me presente la imagen que Lugones fijó.
Nació en Villa María (Río Seco), Córdoba, Argentina, el 13 de junio de 1874. En su provincia inició sus estudios de periodismo. Viajó a Buenos Aires en 1896 donde se desempeñó como inspector de enseñanza media y luego como director de la Biblioteca Nacional de Maestros. Trabajó como redactor del diario La Nación, por lo que viajó varias veces a Europa en misión periodística. Desde su juventud participó como militante en el Partido Socialista y luego su sentido político se encaminó hacia el nacionalismo antiliberal, hecho que lo ubicó en el centro de las polémicas.
Leopoldo Lugones enriqueció sin dudas la prosa modernista con obras como La guerra gaucha (1905), fue precursor de la literatura fantástica con cuentos como los de Las fuerzas extrañas (1906) y escribió con optimismo sobre las tradiciones nacionales en Oda a los ganados y las mieses (1910).
En 1917 aparece El libro de los paisajes, siempre proponiendo nuevas palabras al idioma, renovador, potente en sus imágenes y en sus metáforas, exponiendo siempre su maestría verbal.
En 1927 presenta sus Poemas solariegos, inspirados en las tradiciones y en las labores rurales.
Lugones posee una obra original que parte del modernismo y que posee una temática nacional.
Otras de sus obras son Las montañas del oro (1897), Los crepúsculos del jardín (1905), Lunario sentimental (1909), Odas seculares (1910), Las horas doradas (1922) y Romancero (1924), entre otras.
Lepoldo Lugones se suicidó en una isla de Tigre el 19 de febrero de 1938.
Una propuesta del Malba para acercar a los mayores con el arte Una iniciativa que propone acercar a los adultos mayores al mundo del arte se concreta todos los jueves en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA) de la mano de guías educadores, que logran convertir cada recorrido en una experiencia enriquece