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El hambre

Manuel Mujica Lainez

Alrededor de la empalizada desigual que corona la meseta frente al río, las hogueras de los indios chisporrotean día y noche. En la negrura sin estrellas meten más miedo todavía. Los españoles, apostados cautelosamente entre los troncos, ven al fulgor de las hogueras destrenzadas por la locura del viento, las sombras bailoteantes de los salvajes. De tanto en tanto, un soplo de aire helado, al colarse en las casucas de barro y paja, trae con él los alaridos y los cantos de guerra. Y en seguida recomienza la lluvia de flechas incendiarias cuyos cometas iluminan el paisaje desnudo. En las treguas, los gemidos del Adelantado, que no abandona el lecho, añaden pavor a los conquistadores. Hubieran querido sacarle de allí; hubieran querido arrastrarle en su silla de manos, blandiendo la espada como un demente, hasta los navíos que cabecean más allá de la playa de toscas, desplegar las velas y escapar de esta tierra maldita; pero no lo permite el cerco de los indios. Y cuando no son los gritos de los sitiadores ni los lamentos de Mendoza, ahí está el angustiado implorar de los que roe el hambre, y cuya queja crece a modo de una marea, debajo de las otras voces, del golpear de las ráfagas, del tiroteo espaciado de los arcabuces, del crujir y derrumbarse de las construcciones ardientes.
Así han transcurrido varios días; muchos días. No los cuentan ya. Hoy no queda mendrugo que llevarse a la boca. Todo ha sido arrebatado, arrancado, triturado: las flacas raciones primero, luego la harina podrida, las ratas, las sabandijas inmundas, las botas hervidas cuyo cuero chuparon desesperadamente. Ahora jefes y soldados yacen doquier, junto a los fuegos débiles o arrimados a las estacas defensoras. Es difícil distinguir a los vivos de los muertos.
Don Pedro se niega a ver sus ojos hinchados y sus labios como higos secos, pero en el interior de su choza miserable y rica le acosa el fantasma de esas caras sin torsos, que reptan sobre el lujo burlón de los muebles traídos de Guadix, se adhieren al gran tapiz con los emblemas de la Orden de Santiago, aparecen en las mesas, cerca del Erasmo y el Virgilio inútiles, entre la revuelta vajilla que, limpia de viandas, muestra en su tersura el “Ave María” heráldico del fundador.
El enfermo se retuerce como endemoniado. Su diestra, en la que se enrosca el rosario de madera, se aferra a las borlas del lecho. Tira de ellas enfurecido, como si quisiera arrastrar el pabellón de damasco y sepultarse bajo sus bordadas alegorías. Pero hasta allí le hubieran alcanzado los quejidos de la tropa. Hasta allí se hubiera deslizado la voz espectral de Osorio, el que hizo asesinar en la playa del Janeiro, y la de su hermano don Diego, ultimado por los querandíes el día de Corpus Christi, y las otras voces, más distantes, de los que condujo al saqueo de Roma, cuando el Papa tuvo que refugiarse con sus cardenales en el castillo de Sant Angelo. Y si no hubiera llegado aquel plañir atroz de bocas sin lenguas, nunca hubiera logrado eludir la persecución de la carne corrupta, cuyo olor invade el aposento y es más fuerte que el de las medicinas. ¡Ay!, no necesita asomarse a la ventana para recordar que allá afuera, en el centro mismo del real, oscilan los cadáveres de los tres españoles que mandó a la horca por haber hurtado un caballo y habérselo comido. Les imagina, despedazados, pues sabe que otros compañeros les devoraron los muslos.
¿Cuándo regresará Ayolas, Virgen del Buen Aire? ¿Cuándo regresarán los que fueron al Brasil en pos de víveres? ¿Cuándo terminará este martirio y partirán hacia la comarca del metal y de las perlas? Se muerde los labios, pero de ellos brota el rugido que aterroriza. Y su mirada turbia vuelve hacia los platos donde el pintado escudo del Marqués de Santillana finge a su extravío una fruta roja y verde.

Baitos, el ballestero, también imagina. Acurrucado en un rincón de su tienda, sobre el suelo duro, piensa que el Adelantado y sus capitanes se regalan con maravillosos festines, mientras él perece con las entrañas arañadas por el hambre. Su odio contra los jefes se torna entonces más frenético. Esa rabia le mantiene, le alimenta, le impide echarse a morir. Es un odio que nada justifica, pero que en su vida sin fervores obra como un estímulo violento. En Morón de la Frontera detestaba al señorío. Si vino a América fue porque creyó que aquí se harían ricos los caballeros y los villanos, y no existirían diferencias. ¡Cómo se equivocó! España no envió a las Indias armada con tanta hidalguía como la que fondeó en el Río de la Plata. Todos se las daban de duques. En los puentes y en las cámaras departían como si estuvieran en palacios. Baitos les ha espiado con los ojos pequeños, entrecerrándolos bajo las cejas pobladas. El único que para él algo valía, pues se acercaba a veces a la soldadesca, era Juan Osorio, y ya se sabe lo que pasó: le asesinaron en el Janeiro. Le asesinaron los señores por temor y por envidia. ¡Ah, cuánto, cuánto les odia, con sus ceremonias y sus aires! ¡Como si no nacieran todos de idéntica manera! Y más ira le causan cuando pretenden endulzar el tono y hablar a los marineros como si fueran sus iguales. ¡Mentira, mentiras! Tentado está de alegrarse por el desastre de la fundación que tan recio golpe ha asestado a las ambiciones de esos falsos príncipes. ¡Sí! ¿Y por qué no alegrarse?
El hambre le nubla el cerebro y le hace desvariar. Ahora culpa a los jefes de la situación. ¡El hambre!, ¡el hambre!, ¡ay!; ¡clavar los dientes en un trozo de carne! Pero no lo hay... no lo hay... Hoy mismo, con su hermano Francisco, sosteniéndose el uno al otro, registraron el campamento. No queda nada que robar. Su hermano ha ofrecido vanamente, a cambio de un armadillo, de una culebra, de un cuero, de un bocado, la única alhaja que posee: ese anillo de plata que le entregó su madre al zarpar de San Lúcar y en el que hay labrada una cruz. Pero así hubiera ofrecido una montaña de oro, no lo hubiera logrado, porque no lo hay, porque no lo hay. No hay más que ceñirse el vientre que punzan los dolores y doblarse en dos y tiritar en un rincón de la tienda.
El viento esparce el hedor de los ahorcados. Baitos abre los ojos y se pasa la lengua sobre los labios deformes. ¡Los ahorcados! Esta noche le toca a su hermano montar guardia junto al patíbulo. Allí estará ahora, con la ballesta. ¿Por qué no arrastrarse hasta él? Entre los dos podrán descender uno de los cuerpos y entonces...
Toma su ancho cuchillo de caza y sale tambaleándose.

Es una noche muy fría del mes de junio. La luna macilenta hace palidecer las chozas, las tiendas y los fuegos escasos. Dijérase que por unas horas habrá paz con los indios, famélicos también, pues ha amenguado el ataque. Baitos busca su camino a ciegas entre las matas, hacia las horcas. Por aquí debe de ser. Sí, allí están, allí están, como tres péndulos grotescos, los tres cuerpos mutilados. Cuelgan, sin brazos, sin piernas... Unos pasos más y los alcanzará. Su hermano andará cerca. Unos pasos más...
Pero de repente surgen de la noche cuatro sombras. Se aproximan a una de las hogueras y el ballestero siente que se aviva su cólera, atizada por las presencias inoportunas. Ahora les ve. Son cuatro hidalgos, cuatro jefes: don Francisco de Mendoza, el adolescente que fuera mayordomo de don Fernando, Rey de los Romanos; don Diego Barba, muy joven, caballero de la Orden de San Juan de Jerusalén; Carlos Dubrin, hermano de leche de nuestro señor Carlos V; y Bernardo Centurión, el genovés, antiguo cuatralbo de las galeras del Príncipe Andrea Doria.
Baitos se disimula detrás de una barrica. Le irrita observar que ni aun en estos momentos en que la muerte asedia a todos han perdido nada de su empaque y de su orgullo. Por lo menos lo cree él así. Y tomándose de la cuba para no caer, pues ya no le restan casi fuerzas, comprueba que el caballero de San Juan luce todavía su roja cota de armas, con la cruz blanca de ocho puntas abierta como una flor en el lado izquierdo, y que el italiano lleva sobre la armadura la enorme capa de pieles de nutria que le envanece tanto.A este Bernardo Centurión le execra más que a ningún otro. Ya en San Lúcar de Barrameda, cuando embarcaron, le cobró una aversión que ha crecido durante el viaje. Los cuentos de los soldados que a él se refieren fomentaron su animosidad. Sabe que ha sido capitán de cuatro galeras del Príncipe Doria y que ha luchado a sus órdenes en Nápoles y en Grecia. Los esclavos turcos bramaban bajo su látigo, encadenados a los remos. Sabe también que el gran almirante le dio ese manto de pieles el mismo día en que el Emperador le hizo a él la gracia del Toisón. ¿Y qué? ¿Acaso se explica tanto engreimiento? De verle, cuando venía a bordo de la nao, hubieran podido pensar que era el propio Andrea Doria quien venía a América. Tiene un modo de volver la cabeza morena, casi africana, y de hacer relampaguear los aros de oro sobre el cuello de pieles, que a Baitos le obliga a apretar los dientes y los puños. ¡Cuatralbo, cuatralbo de la armada del Príncipe Andrea Doria! ¿Y qué? ¿Será él menos hombre, por ventura? También dispone de dos brazos y de dos piernas y de cuanto es menester...
Conversan los señores en la claridad de la fogata. Brillan sus palmas y sus sortijas cuando las mueven con la sobriedad del ademán cortesano; brilla la cruz de Malta; brilla el encaje del mayordomo del Rey de los Romanos, sobre el desgarrado jubón; y el manto de nutrias se abre, suntuoso, cuando su dueño afirma las manos en las caderas. El genovés dobla la cabeza crespa con altanería y le tiemblan los aros redondos. Detrás, los tres cadáveres giran en los dedos del viento.
El hambre y el odio ahogan al ballestero. Quiere gritar mas no lo consigue y cae silenciosamente desvanecido sobre la hierba rala.

Cuando recobró el sentido, se había ocultado la luna y el fuego parpadeaba apenas, pronto a apagarse. Había callado el viento y se oían, remotos, los aullidos de la indiada. Se incorporó pesadamente y miró hacia las horcas. Casi no divisaba a los ajusticiados. Lo veía todo como arropado por una bruma leve. Alguien se movió, muy cerca. Retuvo la respiración, y el manto de nutrias del capitán de Doria se recortó, magnífico, a la luz roja de las brasas. Los otros ya no estaban allí. Nadie: ni el mayordomo del Rey, ni Carlos Dubrin, ni el caballero de San Juan. Nadie. Escudriñó en la oscuridad. Nadie: ni su hermano, ni tan siquiera el señor don Rodrigo de Cepeda, que a esa hora solía andar de ronda, con su libro de oraciones.
Bernardo Centurión se interpone entre él y los cadáveres: sólo Bernardo Centurión, pues los centinelas están lejos. Y a pocos metros se balancean los cuerpos desflecados. El hambre le tortura en forma tal que comprende que si no la apacigua en seguida enloquecerá. Se muerde un brazo hasta que siente, sobre la lengua, la tibieza de la sangre. Se devoraría a sí mismo, si pudiera. Se troncharía ese brazo. Y los tres cuerpos lívidos penden, con su espantosa tentación... Si el genovés se fuera de una vez por todas... de una vez por todas... ¿Y por qué no, en verdad, en su más terrible verdad, de una vez por todas? ¿Por qué no aprovechar la ocasión que se le brinda y suprimirle para siempre? Ninguno lo sabrá. Un salto y el cuchillo de caza se hundirá en la espalda del italiano. Pero ¿podrá él, exhausto, saltar así? En Morón de la Frontera hubiera estado seguro de su destreza, de su agilidad...
No, no fue un salto; fue un abalanzarse de acorralado cazador. Tuvo que levantar la empuñadura afirmándose con las dos manos para clavar la hoja. ¡Y cómo desapareció en la suavidad de las nutrias! ¡Cómo se le fue hacia adentro, camino del corazón, en la carne de ese animal que está cazando y que ha logrado por fin! La bestia cae con un sordo gruñido, estremecida de convulsiones, y él cae encima y siente, sobre la cara, en la frente, en la nariz, en los pómulos, la caricia de la piel. Dos, tres veces arranca el cuchillo. En su delirio no sabe ya si ha muerto al cuatralbo del Príncipe Doria o a uno de los tigres que merodean en torno del campamento. Hasta que cesa todo estertor. Busca bajo el manto y al topar con un brazo del hombre que acaba de apuñalar, lo cercena con la faca e hinca en él los dientes que aguza el hambre. No piensa en el horror de lo que está haciendo, sino en morder, en saciarse. Sólo entonces la pincelada bermeja de las brasas le muestra más allá, mucho más allá, tumbado junto a la empalizada, al corsario italiano. Tiene una flecha plantada entre los ojos de vidrio. Los dientes de Baitos tropiezan con el anillo de plata de su madre, el anillo con una labrada cruz, y ve el rostro torcido de su hermano, entre esas pieles que Francisco le quitó al cuatralbo después de su muerte, para abrigarse. El ballestero lanza un grito inhumano. Como un borracho se encarama en la estacada de troncos de sauce y ceibo, y se echa a correr barranca abajo, hacia las hogueras de los indios. Los ojos se le salen de las órbitas, como si la mano trunca de su hermano le fuera apretando la garganta más y más.

Manuel Mujica Lainez
Misteriosa Buenos Aires (1950)

Calificación:  Malo Regular Bueno Bueno - 48 votos  -  Ingresá tu voto

Comentarios de nuestros lectores -  Escribí tu comentario
29/08/12 | 15:37: ivana dice:
hola miren necito saber que hizo boito cuando se entero que mataron a su hermano?? y necesito dos caracteristicas del realismo y ejemplificarlas con citas textuales
iivana-15@live.com.ar
 
11/06/12 | 16:02: peka dice:
hola necesito saber cual es el conflicto me pueden ayudar gracias
peka_ruiz@hotmail.com.ar
 
04/06/12 | 23:52: guido dice:
holaa bueno nada, un genio el del comentario anterior bien vale JAJAJAJA y bueno nada ni lei el libro, con suerte lo imprimo. jajaj yo tambieen pd: fijate qe puse tu email jajaja
milagros_puentes@hotmail.com
 
04/06/12 | 23:50: milagros dice:
hola si lo tengo que leer para wichi y no tengo ganas.... que malote nos hace leer un libro aburrido JAJAJAJ esto es para guiido te quiiero amigoo chauu :D
milagros_puentes@hotmail.com
 
03/06/12 | 12:58: Vale dice:
que cuento de mierda lcdsm. tengo que leerlo para historia. Wichi te odio! pero sos un groso, sabelo:)
wenceslaoorelio@ciudad.com
 
28/04/12 | 23:02: matias dice:
necesito hacer una tarea relacionar el "HAMBRE" de manuel mujica lainez con su contexto historico el qe me lo pueda decir es un genio/a y se lo voy a agradecer
mmatii.-@hotmail.com.ar
 
11/04/12 | 18:54: lobofobia dice:
El pibe que dice que es el peor cuento que leyó en su vida me da pena. Pobrecito. No debe haber entendido nada y lo único que le queda es decir que no le gustó.
urano95@hotmail.com
 
11/07/11 | 18:27: armando marval dice:
Estos pibes no tienen cerebro! Pero además son vagos! Quieren que otros les hagan el trabajo... Tampoco tienen vergüenza. Laburen muchachos. El genio se compone del 5 % de inspiración y el 05 % de TRANSPIRACIÓN. no quieren leer !!! Seguro que para perdee tiempo en la compu no tienen problema.....! Pobre país...!
armando_marval@yahoo.com.ar
 
18/06/11 | 16:42: NO INPORA dice:
es el peor cuento que eh leido en toda mivida
todos@hotmail.com
 
15/04/11 | 15:25: Rodrigo dice:
hola tmb tengo q hacer tarea? y no entendi nada del cuento.. va entendi muy poco 1)como era la situacion anterior a la hambruna?
gerez_1476@hotmail.com
 
12/04/11 | 16:48: joel dice:
tengo que hacer una tarea para la escuela 1 que jerarquias aparecen ?¿ cuales son y que atributos tiene cada uno? 2¿porque el ballestero baito siente que la mano de su hermanole aprieta la garganta? 3¿que significa puede tener que \"el hambre\" termina con la muerte de un personaje a mamnos de su propio hermano?
thekingofthegame_easport@hotmail.com.ar
 
11/04/11 | 21:02: MARCELO MONTERO dice:
A los q quieren resumen...tomense 15 minutos y lean el cuento que vale la pena gracias...
mr.theblack@live.com.ar
 
03/09/10 | 18:40: Nancy Noemi Quintana dice:
El hambre: excelente cuento. Uno lo va leyendo y se transporta en el tiempo y en el espacio. Nadie como el para manejar personajes y situaciones. Toda su obra es, para mi, excelente.
nancy_museo@hotmail.com
 
10/07/10 | 21:18: Mica dice:
Muy buen cuento, la narrativa es exquisita. Muestra el terror, las consecuencias de la ambicion desmedida,la locura y que no importan los rangos ni las clases sociales, todos sufrimos por igual. En la muerte todos somos iguales...
mickiki45@hotmail.com
 
03/06/10 | 20:30: daii dice:
tengo un tp..i lo tengo q entregar mañana..me faltan contestar ests pregunts. ¿comparar a mendoza y balto? ¿que elmentos mugica (el autor) usa para enrriqueser literalmente la cronica de smidels?? ¿cual es el tema y que relacion tiene con el titulo?
amor.dechat@homail.com
 
31/05/10 | 15:36: mi dice:
me parecio muy dificil de entender...para el colmo lo tengo q estudiar para mañana...ya tengo un 1 :S...otro 1 no quiero XD
mitchel343@hotmail.com
 
11/04/10 | 14:41: Jor dice:
Hola! necesito el argumento de este cuento! esto me sirvio, pero necesito algo mas corto! es para mañ! alguien me puede ayudar?
jorchu09@hotmail.com
 
05/04/10 | 23:21: cami dice:
tengo q haccer unas respues de este texto 1sinteticamente comentar que es lo q sucede 2cual es el tema y que relacion tiene con el titulo? 3cual es el tiempo nerrativo?explicar y justificar 4realizar brevemente el esquema de la sacuencia narrativa 5hai algun indicio del final?explicar y transcribir 6 que otra tecnica utiliza el narrador para manifestar el conflicto?
sweet-.-kizz@hotmail.com
 
06/12/09 | 22:47: cynthia dice:
no entendi nada y el lunes que viene tengo q dar leccion de esto alguien me puedo ayudar u.u !!!!
chinty_98@hotmail.com
 
16/09/09 | 20:41: pablo dice:
muyy peeola !!!!!:D:Dxdd u.u
pabloelestudioso@live.com.ar
 
12/08/09 | 16:05: jose dice:
por favor a los lectores le ruego si me pueden ayudar con algunas respuestas desde ya muchas gracias
delabandasoyyo@hotmail.com
 
29/07/09 | 11:38: gabriel dice:
hola , me podrian decir , por favor, una cronica desde el punto de vista de un indigena , gracias
gabi_count@hotmail.com
 
15/07/09 | 13:06: Juani dice:
hola qe tal?miren mi inconveniente es qe necesito saber "el hambre" para terminar poder terminar la secundaria,si alguien con un poco mas de cabeza que yo me quiere dar una mano,seria realmente bueno! graciass! y, qe bueno que allan este tipo de pagina! muy bueno- saludos=D
ju_man55@hotmail.com
 
19/06/09 | 10:28: pedro jesus martin dice:
por favor necesito saber todo del personaje principa, el 22/06/2009 rindo. estoyhaciendo un secundario para adulto
Marmai@live.com
 
08/05/09 | 16:03: laisa dice:
hola necesito sabes todos los personajes q estan en el hambre porfavor..
laisi_bombon@homail.com
 
03/05/09 | 15:28: facu dice:
quiero saber, por que el protagonista odia a los jefes.por favor
facu_18_aguanteboca@hotmail.com
 
08/04/09 | 11:19: cristina dice:
En la ciudad de La Plata hay un Taller Literario que tiene toda la onda, con profesores de primera, si les interesa me escriben un mail y les paso los datos.
crisbesantos@hotmail.com
 
02/04/09 | 20:41: Jorge dice:
Por favor, es muy importante, el texto lo tengo pero tengo que hacer un trabajo practico para literatura y la verdad no lo entiendo, recurro a la gentileza de quien me ayude. de "el hambre" tengo que desmenuzar las cosas, lugar, fecha, tiempo, persona, quien lo relata, etc... quien entienda la literatura me comprenderá. gracias chapa3170@yahoo.com.ar
chapa3170@yahoo.com.ar
 
01/08/08 | 18:37: Rocío dice:
Hola! Está muy buenoel libro!!! Les quería pedir por favor que me manden el hipérbaton ques e utiliza en el texto.:) Lo necesito para un oral. Muchas graciaaass!!!!!!:D medicendanii@hotmail.com
medicendanii@hotmail.com
 
12/07/08 | 12:20: marcela dice:
necesito para el dia jueves,saber argumento,protagonista principal y secundario de le cuento,el hambre de mujica lainez.por favor si tienen algo podrian mandarmelo por mi correo.gracias marcela
march_vazquez@yahoo.com.ar
 
17/06/08 | 18:14: matias dice:
lo tengo que dar hoy!! encontre un resumen tmb que seme hace mas facil igual lei este texto me sirvio mucho graciaaaaas
maty_6cuerdas@hotmail.com
 
20/05/08 | 10:33: eugenia dice:
la verdad q este cuento me sirvio;lastima q tengo q hacer mucha tarea..sobre este...grax!!!
eugenialedesma_mza@hotmail.com
 
28/02/08 | 04:32: leonel dice:
muy bueno el cuento... si lo ubiera leido antes no lo tendria q estudiar ahora apra rendir juajua graxx por el post me sirvio mucho
leo_alfin_91@hotmail.com
 
06/12/07 | 22:56: valeria andrada y mariana silvestri dice:
nos encantó este cuento, somos dos amigas que todas las tardes nos juntamos a leer lo q sea, sobre todo los viernes y sábados a la noche; nosotras tambien nos comeriamos, pero a besos, jeje
topeker@hotmail.com
 
11/11/07 | 17:17: natali dice:
me fue muyy util este texto ya que lo necesitaba para estudiar... GRACIAS---!!
natys_2789@hotmail.com
 
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.: Sobre Manuel Mujica Lainez
Manuel Mujica Lainez Manuel Mujica Lainez
Argentino Argentina
1910 - 1984

Nació en Buenos Aires en 1910.De ilustres y aristocráticos orígenes, era hijo de Manuel Mujica Farías y Lucía Laínez Varela. Su abuelo paterno, Eleuterio Santos Mujica y Covarrubias, descendiente nada menos que del fundador de Buenos Aires, Juan de Garay, le inculcó el amor a la tierra natal y el materno, Bernabé Laínez Cané, el gusto por la literatura. Su abuela materna, Justa Varela, era sobrina de Juan Cruz y Florencio Varela. Realizó sus estudios primarios y secundarios en parte en su ciudad natal, en parte en París. En 1928 ingresó en la Facultad de Derecho que abandonó dos años después. En 1932 ingresó en La Nación y desarrolló allí su labor de periodista que lo llevó a recorrer a lo largo de su vida prácticamente el mundo entero. Entre sus primeras obras se destacan Canto a Buenos Aires, poemas, y Vida de Anastasio el Pollo, biografía de Estanislao del Campo. También cabe apuntar por la relevancia de su difusión, el conjunto de cuentos que forman Misteriosa Buenos Aires (1950), hoy un clásico de 1a literatura ciudadana. Su trabajo como escritor se desarrolló a lo largo de medio siglo y se reflejó en más de cuarenta libros. Muchos de ellos merecieron importantes premios como el Gran Premio de Honor de la SADE en 1955 a su novela La casa y el Primer Premio Nacional de Literatura a Bomarzo. En 1956 fue elegido miembro de la Academia Argentina de Letras y en 1959 académico de la de Bellas Artes. En trabajo común con Alberto Ginastera, que compuso la música, creó el libreto de la ópera Bomarzo, que se estrenó en Washington en 1976 y que fue prohibida en la Argentina y estrenada en el Teatro Colón recién en 1972. Hacia fines de 1969 se instaló en el "El Paraíso", en Cruz Chica, Córdoba, y continuó con su trabajo de estudio y creación, alternando por viajes al exterior y a todo el país. Recibió en 1982 la Cruz de Caballero de la Legión de Francia. En su último viaje a Buenos Aires, a pocas semanas de su muerte, fue nombrado Ciudadano Ilustre de esta ciudad. Murió en "El Paraíso" el 21 de abril de 1984.
.:Ver más sobre Manuel Mujica Lainez
 
.: Obras de Manuel Mujica Lainez
1936 Glosas Castellanas
1938 Don Galaz de Buenos Aires
1942 Padre (Biografía de Miguel Cané)
1943 Canto a Buenos Aires
1946 Estampas de Buenos Aires
1949 Aquí vivieron
1950 Misteriosa Buenos Aires
1952 Los ídolos
1954 La casa
1955 Los viajeros
1957 Invitados en El paraíso
1967 Crónicas reales
1974 El viaje de los siete demonios
1984 Placeres y fatigas de los viajes
 
.: Textos para leer de Manuel Mujica Lainez
El hambre (Cuento)
El hombrecito del azulejo (Cuento)
La adoración de los Reyes Magos (Cuento)
Culpa de los muertos Culpa de los muertos


Corrientes, Argentina de los fines de los 70. Un grupo de estudiantes de medicina buscan las resp... Ampliar

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