Se pelea cuando se dice la verdad. Se pelea cuando se fuerza el enemigo, por el miedo del poder que ve venirse encima, a los extremos y desembolsos que han de precipitar la acción que deseamos. Se pelea cuando se organizan las fuerzas para la victoria. Se pelea cuando se demora el pelear hasta que los ejércitos estén en condición de aspirar a vencer. Se pelea cuando se atrae los ánimos hostiles por la demostración de la unidad donde sospechan el desorden, de la cordura donde sospechan la impaciencia, de la cordialidad donde sospechan la enemistad, de la virtud donde se propalaba que no había más que vicio y crimen. Se pelea, sobre todo, cuando los que han estado limpiando las armas y aprendiendo el paso en los ejercicios parciales e invisibles, en organizaciones aisladas y calladas, se ponen, a la vez, en pie, con un sólo ánimo y un sólo fin, cada uno con su estandarte y con su emblema, y todos, a la luz, en marcha que se sienta y que se vea, detrás de la bandera de la patria.
Se pierde una batalla con cada día que pasa en la inacción. Se pierde una batalla cuando no se guía inmediatamente al ataque la fe que cuesta tanto levantar. Se pierde una batalla cuando los ejércitos, a la hora de concentrarse, se entretienen en el camino, y llegan tarde, y con las fuerzas desmayadas, al punto de concentración. Se pierde una batalla cuando en el momento que exige mano rápida y grandiosa en los jefes, y mucho brazo y mucho corazón para la arremetida, tarda en vérsele a los jefes la mano rápida, y se da tiempo a que se desordenen los corazones. Se pierde una batalla cuando, a la hora del genio y de la centella, se monta a caballo en el taburete de cuero y se abre la ocasión al enemigo.
De La literatura de ideas en América Latina, Bs.As., Colihue, 1987.
José Martí nació en La Habana, Cuba, el 28 de enero de 1853 en un hogar español.
Sus padres no poseían medios para que estudiara. Mientras trabajaba, Martí asistía a las clases de Rafael María Mendive, quien hizo que siguiera los estudios secundarios admirado por el talento y la inteligencia de su discípulo.
Martí recordaba con gratitud las acciones de su maestro. En 1868 viéndolo prisionero y deportado a Santander juró consagrar su vida a la defensa de sus ideales. Comenzó a publicar el periódico Patria Libre en el que aparecieron sus poemas y un drama. Una carta que escribió en aquel tiempo con su amigo Valdés Domínguez, lo llevó a la cárcel durante seis años. Fue desterrado luego a la isla de Pinos y más tarde deportado a España, donde estudió y se recibió de Doctor en Filosofía y Letras en 1873.
A fines de ese año, después de visitar las capitales europeas, viajó a México donde se unió a Carmen Zayas Bazán con quien tuvo a su hijo Ismaelillo, quien
fue el supremo amor de su vida.
Ejerció el periodismo y el profesorado. Fundó la Revista Universal. En 1878 se instaló en La Habana donde ejerció la profesión de abogado convirtiéndose en conspirador activo. Permaneció en su patria hasta 1879 y fue deportado nuevamente a España a causa de sus discursos separatistas.
En 1880 huyó a Nueva York y luego a Caracas donde dictó una cátedra de oratoria, colaboró en la Opinión Nacional y fundó la Revista Venezolana.
En 1881 volvió a Nueva York y comenzó allí una peregrinación por Colombia, Haití, Santo Domingo, México y Estados Unidos proclamando su amor a Cuba y su americanismo. Martí soñaba con la unión de Puerto Rico, Cuba y Santo Domingo en una Confederación Antillana.
Colaboraba con el periódico La Nación de Buenos Aires desde Estados Unidos
y ejerció la representación consular de Argentina, Uruguay y Paraguay.
Martí escribió numerosos artículos críticos, tradujo al español varias obras, pronunció discursos, compuso la comedia Amistad funesta, el drama Amor con amor se paga y escribió una revista para niños: La Edad de Oro.
Sus obras poéticas son: Versos sencillos, Ismaelillo, Versos libres y Versos cubanos.
En “José Martí, el precursor americano”, María Emma Carsuzán dice: “Ciertamente los versos de Martí son breves, simples, musicales, depurados íntimamente y, a pesar del empleo de algún recurso novísimo, con el tono antiguo y fresco y eterno de la copla y de la balada. Le faltaron tiempo y tranquilidad para ensayar cadencias raras, y para bañar a su musa en las aguas refinadamente fragantes de fuentes profanas y exóticas”.
Cuando estalló la revolución para independizar a Cuba, Martí cumplió su promesa de morir por su patria, hecho que ocurrió el 19 de mayo de 1895, en Boca de Dos Ríos.
Una propuesta del Malba para acercar a los mayores con el arte Una iniciativa que propone acercar a los adultos mayores al mundo del arte se concreta todos los jueves en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA) de la mano de guías educadores, que logran convertir cada recorrido en una experiencia enriquece