Lo queremos porque es bondadoso.
Es bondadoso como ser humano y muy bueno como escritor. Tiene un corazón tan grande que Dios necesitó fabricar un cuerpo también grande para acomodar ese corazón suyo. Luego mezcló los sentimientos con el espíritu de Julio. De allí resultó que Julio no sólo fuera un hombre bueno, sino justo. Todos sabemos cuánto se ha sacrificado por la justicia.
Por las causas justas y porque haya concordia entre todos los seres humanos.
Así que Julio es triplemente bueno.
Por eso lo queremos. Lo queremos tanto sus amigos, sus admiradores y sus hermanos.
En realidad, él es nuestro hermano mayor.
Nos ha enseñado con sus consejos y a través de sus libros que escribió para nosotros lo hermoso de la vida, a pesar del sufrimiento, a pesar del agobio y la desesperanza. Él no desea esas calamidades para nadie. Menos para quienes saben que, más que sus prójimos, somos sus hermanos. Por eso queremos tanto a Julio.
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30/12/10 | 11:14: Walther Castelli Júnior dice:
Con anticipado pedido de perdón para mi precario español, les digo que se quiere a Cortázar porque él ha querido a nosotros y ha querido para nosostros que fuéramos solamente hombres caminando bajo la noche rubia, libertados de la cabra aristotélica, escandalosamente listos para el amor dadivoso, para el cual las chicas y las platas para el taxi son dones igualmente sublimes y mezquinos.
Quiza Rulfito lo queria tanto a julio, porque le presto unos mangos para el taxi una que otra vez, o le presento una linda mina en alguna reunion de esas paquetas que iban los dos....
Lo queremos a Cortázar por su coherencia en el decir y en el hacer.
Por la magia de su genio como escritor y por su compromiso a ultranza con las realidades sociales que golpean a la humanidad.
Y por supuesto, amamos a Juan Rulfo.
Se quiere tanto a Cortazar, porque tenían tan poder de síntesis y sentido de la ubicación, que con dos oraciones te creaba un mundo..
Sus cuentos imprimen un candor realista, que hace que no uno no pueda dejar de nombrarlo..
Juan Rulfo nació en Sayula, México,creció en el pequeño pueblo de San Gabriel, villa rural dominada por la superstición y el culto a los muertos, y sufrió allí las duras consecuencias de las luchas cristeras en su familia más cercana (su padre fue asesinado). Esos primeros años de su vida habrían de conformar en parte el universo desolado que Juan Rulfo recreó en su breve pero brillante obra.
En 1934 se trasladó a Ciudad de México, donde trabajó como agente de inmigración en la Secretaría de la Gobernación. A partir de 1938 empezó a viajar por algunas regiones del país en comisiones de servicio y publicó sus cuentos más relevantes en revistas literarias.
En los quince cuentos que integran El llano en llamas (1953), Juan Rulfo ofreció una primera sublimación literaria, a través de una prosa sucinta y expresiva, de la realidad de los campesinos de su tierra, en relatos que trascendían la pura anécdota social.
En su obra más conocida, Pedro Páramo (1955), Rulfo dio una forma más perfeccionada a dicho mecanismo de interiorización de la realidad de su país, en un universo donde cohabitan lo misterioso y lo real, y obtuvo la que se considera una de las mejores obras de la literatura iberoamericana contemporánea.Obtuvo una beca en el Centro Mexicano de Escritores cuando tenía 35 años y doce meses después entregó las 127 páginas de la novela Los murmullos que se editó en 1955 con el nombre de Pedro Páramo en la colección Letras Mexicanas del Fondo de Cultura Económica. La novela se desenvuelve sin orden cronológico alrededor de la vida de un cacique rural. La muerte está presente en toda la narración y le da a la obra un tono estremecedor. Rulfo la introduce muy hábilmente a la manera en que las historias de "espantos" se relatan en el campo mexicano. Con esta novela el escritor rebasó la clasificación de "regionalista" que algunos quisieron imponerle y demostró su capacidad de llevar, mediante la palabra, lo local a un plano mundial. Sus obras fueron traducidas al inglés, alemán, francés, polaco, italiano, sueco, holandés, portugués, noruego y danés.
La vida de Juan Rulfo, envuelta en mitos y leyendas, llegó a su fin el 7 de enero de 1986 en la ciudad de México.